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Viajes solidarios: Guía para viajeros con ganas de ayudar a los demás

05.01.2017
Una idea se está cocinando a fuego lento en tu cerebro. No lo sabes pero lo intuyes: quieres hacer algo para ayudar a los demás. ¿Te has planteado hacer un viaje solidario? Si quieres dejar este mundo un poquito mejor de cómo te lo has encontrado, y estás dispuesto a emplear tu tiempo y tu esfuerzo en favor de los más desfavorecidos, aquí vamos a ayudarte a ayudar.

Al principio no sabes por dónde empezar. Quieres ayudar pero no tienes claro los conceptos básicos. Voluntariado, cooperación y/o viaje solidario te suena todo igual. No te agobies.

Básicamente, un viaje solidario es un viaje en el que tratas de ayudar a una comunidad. Sí, ya lo sé, es un poco general. Yendo un poco más a lo concreto, lo que haces es interesarte por visitar proyectos solidarios (como la construcción de pozos de agua potable en Togo), buscar alojamientos sostenibles que favorezcan la economía local (como un hotel que destina parte de sus beneficios a proyectos sociales), aprender las costumbres del lugar y hacer todo lo que puedas por ayudar (como por ejemplo; enseñar a leer o escribir a niños en Tanzania). Todo esto lo puedes hacer por tu cuenta, o a través de alguna agencia o fundación.

Una foto publicada por Douglas Booth (@douglasbooth) el 16 de Nov de 2016 a la(s) 9:55 PST

Si, por otra parte, te pones en contacto con alguna ONG y te haces voluntario o cooperante, son ellos los que te organizan todo el viaje en función de lo que estés buscando. ¿Y qué diferencia hay entre un cooperante y un voluntario? Pues resumiendo mucho, digamos que el cooperante está de forma permanente en el destino, tiene una formación y recibe un salario de la organización para la que trabaja. Mientras que el voluntario no tiene porqué tener una formación específica, lo normal es que se pague él mismo el vuelo al destino (mientras que la estancia y la comida la pondría la organización) y hace una acción humanitaria durante un tiempo determinado.
Si ya has tomado la decisión de emprender una viaje solidario en cualquiera de sus modalidades, tienes que tener en cuenta varias cosas:

Debes elegir un proyecto con el que estés comprometido

Estas decisiones no se pueden tomar a la ligera. No es cómo decidir entre París o Roma para declararte a tu pareja. Parece una perogrullada, pero si no te gusta mucho mucho (pero mucho) el campo y el aire libre, a lo mejor emprender un viaje para ayudar a preservar la selva y la fauna del Amazonas no es la mejor de las ideas. En cambio, si se te llevan los demonios cada vez que ves por la tele la situación en la que están los refugiados, a lo mejor un viaje a un campo de refugiados en Turquía puede ser mejor opción.

Foto: Fundación El Sueño de la Campana

Va a ser duro

Hay que tener en cuenta que en este viaje no vas a tirarte en una tumbona a tomar el Sol. Vas a pasar por situaciones difíciles, y tendrás momentos en los que querrás dejarlo. Si no lo haces con una convicción del 100%, es mejor que no lo hagas. Además, no vas a poder darle al on y al off cuando te apetezca. Vas a estar veinticuatro horas al día y siete días a la semana al pie del cañón. Vas a darlo todo a cambio de nada y es importante que lo tengas claro antes de ir. 

Debes estar dispuesto a alejarte de las comodidades a las que estás acostumbrado

Depende mucho del tipo de viaje que vayas a hacer, pero ten en cuenta que si vas, por ejemplo, a una escuela de niños en Ghana, vas a comer, dormir y vivir como ellos durante el tiempo que dure la estancia. No vas a tener una botella de agua mineral siempre que tengas sed, ni vas a dormir en una habitación de hotel. Vas a dormir en el campamento, a varios kilómetros del único punto con agua potable en las mismas condiciones que las personas a las que estás ayudando.

Va a ser difícil separarte de la gente que has conocido allí

No te vas a dar ni cuenta, pero al final vas a recibir mucho más de lo que has dado. La gente que vive en una situación desfavorecida extrema es increíblemente generosa y cariñosa. Cuando te vayas a marchar, habrás creado lazos sentimentales que te va a ser difícil romper de un día para otro. Tienes que hacer “de tripas, corazón” y, aunque llorarás el día que vuelvas a tu país de origen, te darás cuenta de algo mucho más importante que esa pena: que el mundo está lleno de gente de extraordinaria.

Una foto publicada por Manos Unidas (@manosunidas) el 21 de Oct de 2016 a la(s) 11:42 PDT

Tienes que aprender a relativizar para seguir con tu vida a la vuelta

En algún momento del viaje, tu mente habrá hecho “clic” y todo habrá cambiado. Y pensarás que llevar tu vida sin más, sin ayudar a los demás sabiendo que hay gente que lo pasa tan mal en el mundo, es algo insulso y egoísta. En este tipo de viajes, uno se engancha para siempre. Lo normal es que, poco a poco, la rutina te pase por encima y que esos pequeños problemas que a tu vuelta te parecían mundanos, vuelvan a coger cierta envergadura. Date tiempo para reflexionar y no tomes decisiones precipitadas. Puede que sin querer hayas encontrado un camino y decidas dedicar tu vida a proyectos solidarios. Pero dale “una pensada” antes de lanzarte a otra nueva aventura. Vuelve al punto número uno y piénsatelo bien.

Es muy complicado condensar todas las experiencias de un viaje de estas características en unas pocas líneas pero espero que si estás pensando en hacer algo por los demás y no sabes por dónde empezar, al menos te haya ayudado un poco. Si te animas, verás que tu viaje será duro, pero merecerá la pena.

Mil gracias a Alberto HD, María Gil e Inma Hernández. Ellos tienen en su haber varias experiencias de entrega incondicional a los demás que son dignas de alabar. Pero sin duda, creo que lo más duro por lo que han pasado ha sido soportar estoicamente mi asalto a preguntas. Gracias. Sin vuestros relatos, este artículo no habría sido posible.

Estamos madrugando por encima de nuestras posibilidades.

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