Viaja

Trucos infalibles para tener el vuelo transatlántico ideal

Hay para quienes un vuelo trasatlántico (o medianamente largo) es una auténtica tortura. Un fastidio supremo repleto de incomodidad y malestar. A mí me pasa lo contrario: me pones un vuelo de 15 horas por delante y veo una gran oportunidad para descansar y desconectar. ¿Será que he perfeccionado la técnica de los truquitos de vuelo largo hasta niveles que en mi cerebro esa idea se asemeja a la de ir a un spa?

Un viajazo comienza con el vuelo de ida y hay que preparárselo a conciencia. Lo primero es algo que veo condición sine qua non: hay que llegar reventado a tan magno momento. No digo de resaca extrema ni de empalmada, eso ni de Blas. Pero sí permítete llegar con una buena dosis de cansancio al vuelo. Que entre las comprillas last minute, los marrones de curro de último momento, adelantar todo el trabajo que no harás en vacaciones, y ese largo etcétera que tú y yo sabemos vas a llegar al avión DESTROZADO. Y eso es un gran valor en estos casos.

Empecemos por la indumentaria

Aquí hay algo que veo absolutamente imprescindible. Más allá de los pantalones tipo chándal cómodo, que sí. Más allá de las bambas más cantosas y cómodas que tengas, que también. Más allá de un sujetador cómodo en el caso de las chicas (¡nada de aros por favor!)… Lo fundamental, mi clave, mi truco: una sudadera con capucha bien grande. Una capucha que te pondrás casi desde el momento de montar en el avión. Te ayudará a pasar el frío siberiano que te arreciará a ratos durante el vuelo. Te mantendrá aislado como un burro sin ver a los lados. Y si la capucha es lo suficientemente grande, la parte de delante te tapará los ojos y, oh sí, casi sin antifaz podrás volar en una noche eterna para ti.

Hablemos del antifaz

Es esencial llevar uno, y bien a mano. Nada de dejarlo en el fondo del mar en la maleta. La calidad del antifaz es un asunto de extrema importancia: por favor cómprate uno suavecito, apetecible, de algodón agradable. Muerte a esos como de poliamida o poliester, de tela con brillos, de estampados horrendos, que te hacen resudar la cara y que después hasta huelen mal. Donde esté un antifaz de algodón puro y que se mantenga fresquito en todo momento, que se quiten esos que parecen de broma.

Otros accesorios importantes

No recomiendo almohadillas de esas que se hinchan, pero a juzgar por la cantidad de militantes que tiene ese chisme, a alguien le irá bien digo yo… A mí si no me diera tortícolis, me parecía ideal. Otros accesorios, y esto ya va en temas de salud, pueden ser unas buenas medias de compresión.Te las receta el médico si las necesitas y combinadas con ejercicios periódicos durante todo el vuelo te garantizan llegar en perfectas condiciones. Con ejercicios me refiero a paseos y a bailes de San Vito rodilla arriba – rodilla abajo – sentadillas y demás en la zona de la puerta del baño o molestando a los de la salida de emergencia. Te sientes un poco Mr. Bean y te miran mal algunos, pero objetivo cumplido: llegar a destino con la circulación en perfectas condiciones.

Comerse todo en el vuelo: ¿sí o no?

Pues esto, como tantas cosas en la vida, no es blanco o negro y hay una amplia gama de grises en que elegir. Lo que sí que veo innegociable (a no ser que no dé tiempo) es comerse un buen menú del McDonalds en el aeropuerto antes de embarcar. Da igual que sean las 6am que las 23.55pm: eso entra que da gusto, y tiene una sustancia especial para hacerte sentir como en casa en un asiento cualquiera del aeropuerto o del avión. A partir de ahí, dependerá de las ganas de jarana que tenga uno, a cómo le pille de sueño… Yo he sido mucho de comerme todo lo que me pusieran en el avión, pero hay veces que vas con tanto sueño que hay que tomar una determinación: avisar a los acompañantes o a la azafata de que si vas dormido, no te despierten para ofrecerte pollo o pasta: no te va a pasar nada por no comer nada en un ratito, has logrado dormirte largo y tendido… aprovecha. Además te acabas de comer un Big Mac, rufián: no te hacen falta más calorías en 3 días más o menos.

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En caso de decidir probar bocado, siempre siempre SIEMPRE pasta. Es un valor seguro. Te evitas sabores dudosos del pollo. Y una cosa te voy a decir: ahora se ha puesto de moda que te repartan una especie de minutas del menú, escrito como si todo aquello fuera gourmet y de lujo. Mira, no trates de encontrar toda esa poesía de ingredientes y sensaciones en la bandejita que te han dado: es pollo o pasta del de toda la vida, y un trozo de mantequilla, un pan muy frío, y un café infumable lo que te vas a meter para el cuerpo. Luego ya dependiendo de a qué zona vueles te pueden plantar unas combinaciones inhumanas de cosas raras adaptadas a comida de avión que no sabes si estás comiendo un bocadito de comida de tortuga de esas de cuando de pequeño tenías una galápago o qué.

El bebercio es otro cantar

Aquí no te digo yo que no fuerces un poco la máquina y te pidas lo que pilles. Unas birras están bien para empezar. Cuando en la aerolínea se ponen finolis y ofrecen cava hay que decir siempre que sí. Y las botellitas pequeñas de vino blanco son un primor. Si a la segunda no estás ya sopa te doy un premio.

Vámonos al apartado audiovisual

Una vez hayas colocado en el asiento delantero esa guía de viaje recién comprada que ni has abierto ni vas a abrir durante el vuelo, y que también hayas dispuesto esos mails de tu primo con consejos y recomendaciones para el viaje que te has impreso en el curro en papel reciclado y que van a llegar arrugados pero no leídos, toca encender la pantallita de a bordo. Una peliculita de Woody Allen tiene que caer en algún momento: dosificate. Alguna otra peli así más indie que te encuentres por sorpresa también tienes que tragártela. Ojo, calcula bien los tiempos, que no te pase lo que me pasó a mí en un vuelo a México: racaneé y me puse a ver The End of the Tour a menos de 100 minutos de llegar a destino y, claro, aterrizando me pararon la peli como a 15 minutos de terminar, y me pegué todo el viaje deseando llegar al vuelo de vuelta a ver el final, y cuando llegué habían cambiado la programación porque habíamos cambiado de mes y me dediqué a lamentarme todo el vuelo.

Y guárdate algo de rato también para un poco de gaming

Un ratito de Quién quiere ser millonario, otro de picarte contra el pasajero del asiento 5D y del 49C al Trivial Inflight, o hasta de echarte un musete contra la máquina o contra el de al lado (sí, hay aviones que incorporan mus en el ordenadorcito y no veas lo bien que sienta tener un solomillo y verte a ti mismo hacer la seña correspondiente on air). Por lo demás, unos ratos muertos con el mapa que va indicando la trayectoria del avión te terminan de hacer pasar unos momentos de musarañismo extremo de esos de estar que no quieres que se acabe el vuelo.

Se acerca la hora de llegada a destino

Es hora de sacar el neceser con útiles refrescantes y tonificantes. Imprescindible peine, colonia de bebé, crema facial, kit para lavarte los dientes, toallitas húmedas y desodorante. Vas a salir del baño que ni Clark Kent de una cabina. Nada como aterrizar oliendo bien y teniendo una buena sensación de ti mismo pese a haber dormido doblado, tener un poco de ardor de estómago de tanto vino/café/zumo de tomate o lo que sea a lo que te hayas hinchado, y demás inconvenientes a los que es mejor no tomar muy en serio.

Viajar en avión vuelos

Lo de no volar de empalmada aplica también para la vuelta

Aquí es donde se suelen dar estos casos con más facilidad. No me quiero extender en este punto pero, por ejemplo, no se os ocurra volver de Shangai de empalmada tras una noche de teppanyaki y cata de sakes y karaoke y discotecas con bengalas en la mano, porque no… Lo de empezar a vomitar antes de despegar y oliendo a fritanga en un vuelo trasatlántico te convierte automáticamente en un indeseable para el equipo de sobrecargos, para los pasajeros sentados a tu alrededor, y para ti mismo. No lo hagas. Que me lo ha contado una prima de una amiga de una conocida a la que una vez le pasó…

Disfruta, vuela de noche siempre que puedas, y tómatelo como un trámite que te permite estar en tu cápsula espacio-temporal, a tu bola, sin móvil y sin que se espere nada de ti durante un montón de horas. Solo que estés tranquilito y te portes bien. No te hagas un Melendi. Encima cuando llegues estarás en el lugar que tanto has soñado y pillarás wifi e instagramearás unas cuantas fotos del vuelo. ¿Qué más se puede pedir?

Emperadora (que no emperatriz) del ocio. Así me llaman...

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