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Cómo aguantar diciembre (y no morir en el intento)

Llega diciembre y con él los típicos artículos de todos los años: que si cómo comer saludable en Navidad, que si cómo lucir radiante en Nochevieja, que si cómo sobrevivir a la cena Navidad... ¿no veis un patrón aquí? según parece todas las penas y alegrías del mes se concentran en un par de fechas, Las Fechas Señaladas, mientras que todo lo demás, el resto del mes, se envuelve en la normalidad que gobierna el resto del año.

Nosotros sabemos que no es así. Diciembre es el mes en que todos nos trasladamos a La dimensión desconocida, un mes en los que se pone a prueba nuestro coraje, paciencia y sentido del humor. Como nuestro deseo navideño es volverte a ver por aquí durante el 2017, hemos creado esta breve guía práctica para ayudarte a resolver algunos de los problemillas que, tenlo por seguro, vas a tener que enfrentar.

Henry Selick nos lo advirtió. La película no se llama Pesadilla en Navidad sino Pesadilla Antes de Navidad y es que es ya un mes antes, y no el 25 de diciembre, cuando todos empezamos a sentir los sudores fríos. Calles masificadas y sobreiluminadas, papel brillante por doquier y conocidos poseídos (por el espíritu navideño), son los elementos que hemos aceptado como normales pero que podrían protagonizar perfectamente la séptima temporada de American Horror Story. Porque sí, Nochebuena puede ser un infierno pero dura sólo unas cuantas horas, diciembre ya ha llegado y permanecerá con nosotros durante 31 días. Te proponemos soluciones para los tres problemas típicos de los que nadie se atreve a hablar.

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Problema número 1: los villancicos

Narciso Ibáñez Serrador tituló su obra maestra con lo que él creía que era una pregunta retórica, ¿Quién puede matar a un niño? La respuesta, señor Ibáñez Serrador, es bastante obvia pero no es la que usted cree. ¿Que quién puede matar a un niño? pues cualquiera que trabaje de cara al público en navidades.

Y, no, no es que los niños estén especialmente insoportable esta época del año (más bien todo lo contrario, la sombra de Los Reyes Magos es bastante alargada) sino que por el sistema de sonido de cualquier centro comercial suenan una y otra vez esas vocecillas chirriantes del averno cialis without a prescription. Sus mensajes crípticos anidan en nuestros cerebros y, antes de que nos demos cuenta, no podemos hacer otra cosa que repetirlos sin cesar.

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Son los villancicos o, lo que es peor, los villancicos de coros infantiles, aquellos grupos conformados por menores que luchan por demostrar quién tiene la voz más aguda y por cuánto tiempo pueden mantenerla así. Lo que el día uno es adorable el día diez te hace rechinar los dientes y rezar porque la burra se meta caña y llegue a Belén de una maldita vez (por favor).

Hay solución para esto pero la verdad es que no es sencilla. El instinto nos pide cortar la corriente o patear los altavoces de la tienda para conseguir el bendito silencio pero este remedio se revela como poco práctico si lo que deseamos es seguir trabajando una vez pasadas las fiestas. Lo que no podemos combatir de manera externa debemos trabajarlo en nuestro interior.

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La relajación es nuestra amiga. Clases de yoga que te enseñen a respirar hasta que los peces en el río terminen de beber o que te guían para conseguir meditar y que la noche, efectivamente, pueda ser de paz y de amor. Como alternativa, clases de boxeo o del algún arte marcial, ¡esa furia se saca sudando!

Problema número 2: los chistes

Diciembre es un poco como el día de la marmota. Todo lo que pasa ya ha pasado y, qué duda cabe, volverá a pasar otra vez. Todos lo hemos vivido y todos lo hemos hecho, despedirse de un compañero con un “pues nos vemos el año que viene” seguido de una risita porque, ¡já, já, já! estamos a un par de semanas de finalizar el año y, bueno, que se supone que es un broma graciosa y apropiada para la época. Aquí va otra, la típica del día antes de la lotería, bromear sobre no ir más a trabajar porque es súper evidente que este año los millones nos van a tocar a nosotros y nuestros compañeros sólo van a volver a vernos en las fotos que subamos al Facebook desde nuestra nueva casa en un paraíso tropical.

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Por mucho que nos concienciemos de que “ya no más”, de que hay algunas tradiciones que es mejor perder, lo cierto es que es difícil no recurrir a la broma fácil cuando no se tiene otra cosa que decir. La solución es esa: tener preparadas otras cosas. Aprender de los mejores buscando inspiración en monólogos, películas y obras de teatro. Que no nos vuelvan a pillar en los mismos comentarios una y otra vez. Esta vez, si la gente se ríe, que sea de verdad.

Problema número 3: las comidas

Puede que hubiera una época en la que todos disfrutáramos de verdad con la cena de Nochebuena y la comida de Navidad. Un tiempo, mejor que este, por qué no decirlo, en que tachábamos los días en el calendario esperando el momento perfecto en el que nos desabrocharíamos el cinturón para que nada nos impidiese disfrutar, por única vez en todo el año, de todos nuestros platos favoritos en la misma mesa, al mismo tiempo. Pero ahora seamos sinceros, ya no podemos decir que que anhelemos ese momento. Al 24 de diciembre llegamos ya hastiados.

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Entre la cena de la empresa, la típica comida que se alarga con los amigos, la visita pre-navideña a los suegros y demás compromisos, llegamos a la Nochebuena, hinchados, apretados y con más ganas de lechuguita que de todas las pesadas exquisiteces que se presentan ante nuestros ojos.

Uno de los efectos secundarios de empezar con las celebraciones tan pronto, es que nos damos el atracón de mantecados en noviembre y para diciembre sólo nos queda ya las ganas, o  de morir, o de que acabe el año de una maldita vez para volver a poner el contador a cero.

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La solución a los atracones no pasa por dejar de comer —eso es tortura según la declaración de derechos humanos— o por llevar los días libres una dieta sólo a base de fruta, agua, café y miseria ¡todo lo contrario!, tenemos que comer pero comer bien. Dejar a un lado todo lo que sabemos que encontraremos en la mesa el día de navidad y probar alternativas más frescas y ligeras. Restaurantes veganos, crudívoros o autodenominados saludables y ecológicos, pueden ser la mejor opción para seguir disfrutando con los compromisos sociales sin que estos nos hagan aborrecer la comida días antes de la noche del 24.

La Navidad puede ser mágica si conseguimos creer. Creer que acabará pronto, que si hemos sobrevivido mal siempre podemos hacerlo este año mejor. Sea como sea, ¿alguien está contando cuántos días faltan para que vuelva el verano?

Soy el tipo de chica que va tarareando Grease en el supermercado.

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