Viaja

Tenerife: pasando de termómetros

Odio el frío. No lo puedo soportar. Mi crianza sevillana me ha hecho de secano y poiquiloterma al punto de que se dice de mí que soy dos personas distintas: una en invierno y otra en verano. (Spoiler: la que mola es la de verano. Si nos conocemos en invierno, porfa, dame una segunda oportunidad).

Como a ninguna nos gusta ser nuestra peor versión, igual que Drácula muerde cuellos para sobrevivir, yo los inviernos me voy en busca de la dosis de sol y calorcito necesaria para mantener mi (sorprendentemente) impoluto certificado de penales. Y Tenerife es el destino perfecto para eso: con sus 22º de temperatura media anual, ¿cómo no quererla?

Cuando el Teide es lo de menos

Olvídate de tus clases de geografía, porque lo mejor de la isla es lo que todavía no sabes. Sí, subir sus casi 4.000 metros para poder contarle a tus amigos que has estado en la cima del tercer volcán más alto del mundo mola (y las vistas, desde luego, hacen que compense el esfuerzo), pero si no te ves capaz (y, oye, si te vienes arriba, acuérdate de pedir permiso, porque es obligatorio, aunque gratuito) puedes recorrer el Parque Nacional, una visita para todos los públicos y que te permitirá sentirte extraterrestre gracias a su paisaje volcánico, el llamado Paisaje Lunar. O disfrutar de las vistas desde el mucho más asequible Mirador de Humboldt, en el Valle de la Orotava, tomando un café con vistas al mar y al propio Teide, que no está mal para fardar de fotos y es mucho más asequible para los menos aventureros.

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Si lo tuyo es la aventura…

Después de la excursión al Teide no creas que te quedarás sin planes; en Tenerife hay mucho que hacer si eres un viajero inquieto. Kitesurf y windsurf gracias a los alisios que soplan en el Médano; espeleología en la Cueva del Viento, el mayor tubo volcánico de Europa; parapente (la isla a vista de pájaro y te ahorras la subida: ahí lo dejo) submarinismo, kayak o el más moderno stand up paddle…

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Y, por supuesto, senderismo. Si será por rutas, que en mayo celebran el Walking Festival, un festival sólo para eso, para patearse los rincones de la isla: fauna, arquitectura, gastronomía… Cuando ya estés pensándote muy seriamente mandar la rutina a pastar de una buena patada y montar tu propio pueblo en la isla, es el momento de pasarte a descubrir el Parque Rural de Teno, donde sus habitantes se mantienen fundamentalmente gracias al autoconsumo de sus productos agrícolas y ganaderos. Advertencia: es posible que te quieras encadenar a uno de sus pueblos y no volver. No digas que no te hemos avisado.

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La sangre del dragón

No, no hablamos de la Khaleesi, sino del Drago Milenario, símbolo de la isla. Este árbol, el más antiguo de su especie, preside un fantástico jardín de especies únicas de la isla, y es conocido porque a su resina, de color rojo, le han atribuido propiedades milagrosas. ¿Quién sabe? Igual por su influencia consigues dominar Poniente (si es así, acuérdate de los Houdinis, invítanos a algo, ten clemencia, qué se yo).

El mundo vegetal tinerfeño, Drago aparte, merece por sí mismo una visita, porque sus reglas son diferentes a las del resto del mundo (tal y como lo conocemos). ¿Sabías que en Tenerife es frecuente la llamada “lluvia horizontal”? Como las montañas frenan las nubes, los árboles se empapan y el agua va cayendo gota a gota, formando frondosos bosques de laurisilva o pinar canario: la oportunidad más próxima que tienes para trasladarte al mundo de Ice Age (bueno, un poco antes. Justo antes de la glaciación, que por algo hemos dicho que vamos buscando calorcito).

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 A lo John Lennon

Los mismísimos Beatles (entre otras celebrities internacionales) se dieron un buen chapuzón en el Lago Martiánez: un conjunto de piscinas naturales donde, además de las aguas, podemos disfrutar de la exquisita arquitectura de César Manrique, que, aunque natural de Lanzarote, dejó huella en varias de las Islas Canarias, ¡y qué huella! Un auténtico experto en integrar escultura, arquitectura y el paisaje y los elementos naturales de la zona, como podrás comprobar en Lago Martiánez del Puerto de la Cruz Que sí, que Tenerife tiene playas para dar y tomar, desde la animada Playa de las Américas a la salvaje Playa de Benijo en Anaga, pero la experiencia de las piscinas naturales, como las de Garachico y Bajamar, son una experiencia que no deberías perderte.

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Y, por supuesto, si ya estás metido en tu papel de estrella del rock, tienes sitios más que de sobra para ir de fiesta: Las Américas, Costa Adeje y Los Cristianos agrupan una colección de garitos chill out que no tienen nada que envidiarle a Ibiza. Cócteles, atardeceres, y, permítanme que insista, 22º.

¿Sigues aquí? ¿Aún no estás planeando tu viaje a Tenerife? ¿Por qué?

Podría vivir sin café, pero mejor no hacemos la prueba.

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