Otra navidad es posible. No hay nada malo en ello. Más bien, al contrario. ¿Por qué todas las navidades hay que pasarlas en familia, comer turrón y abrigarse hasta las orejas? Te coges dos semanas de vacaciones y, al final, discutes con tu cuñado en Nochebuena, tu hermano te deja a los niños unos días (y tus sobrinos son un encanto, pero ejercer de tío es muy cansado), le mientes a tu suegra sobre lo rico que le sale el ponche… Pffff. Al final, necesitas unas vacaciones de tus vacaciones. ¿No sería mucho más lógico tomarte unos verdaderos días de descanso y huir de todos esos convencionalismos?

Coge las riendas de tu vida. Mira a los ojos a tu pareja y se lo explicas: “Mira, yo quiero mucho a tu familia y a la mía, pero he pensado un plan alternativo para que estas navidades las pasemos tú y yo juntos. Alejados del mundo. Nadie más”. Acto seguido, sin dejar mucho tiempo de reacción y con unos reflejos felinos sacas una foto de las playas de República Dominicana. “¡El Caribe nos espera! ¿Le vas a decir que ‘no’ a esto?”, Y ya está. Ya lo tienes. Nada más que añadir, señoría.

La pulserita que te abre las puertas al paraíso

No te engañes. Si vas a Punta Cana no vas a hacer turismo extremo. No vas a comprarte la guía del país y vas a ir de monumento en monumento. Tú lo que quieres es tirarte a la bartola. Que los rayos del Sol y la brisa marina se lleven tus problemas volando muy lejos con un billete que ponga: solo de ida, por favor. En todo caso, y ya el cuarto día, a lo mejor te da por probar algún deporte acuático. Un poco de surf o kitesurfing, siempre gusta. Ambos ejercicios son muy buenos para la salud, pero lo que es más importante: tienen la nota más alta en la escala de postureo-top.

Si te apetece sumergirte de lleno en el Atlántico, ponte las gafas de buceo y date una vuelta por otro mundo. No te puedes perder de ninguna forma el jardín de coral que se esconde bajo las aguas del mar, muy cerca de la costa. Descubrirás colores que ni sabías que existían. Pero si quieres ir un pasito más allá: alquila un barquito (o contrata una excursión). Hay sitios tan alucinantes como la cueva submarina de Taina Macao o ver el PewterWerck, un barco español que naufragó en 1540. Una aventura digna de Indiana Jones.

Venga, va. Un poco de turismo

Si ya te vas cansando de tanto mar, o por lo menos, después de unos días ya te entra de nuevo el gusanillo de ‘hacer cosas de interior’. Ahí está Santo Domingo, la capital. Una ciudad colonial reconocida por la UNESCO como patrimonio de la humanidad. Sus callejuelas están llenas de vida y de ritmo. Siéntate a cenar en la Plaza de España y descubre la comida típica del país, prueba el sancocho y los tostones. Además, hay mucha vida nocturna, así que para rematar el plan, debes disfrutar de un ‘roncito’ y mover el esqueleto en alguna discoteca. Porque… salir por la noche también es turismo.

Eres muy de béisbol, y no lo sabes (todavía)

Ahí va el tip freaky. Una de las ventajas de viajar en invierno a República Dominicana (además del clima, las playas y tal,  ya tu sabeh…)  es que la serie regular de béisbol se celebra entre octubre y enero. Así que si quieres un plan auténtico, ve a ver un partido de béisbol. Los dominicanos sienten pasión por este deporte, mucho más que por el fútbol. Sus jugadores son adorados como estrellas. Ir al Madison Square Garden a ver un partido de los Knicks está muy visto, y si estás en invierno en Santo Domingo es que te mola hacer cosas diferentes y pasas olímpicamente del orden establecido. ¿Puede haber algo más outsider que ver el derbi entre los Tigres del Licey y los Leones del Escogido el día de Navidad? Eso sí que es otro rollo. ¡No quiero tus regalos, Santa Claus! Quiero coger esa bola que casi se va fuera del estadio.

Créditos: Turismo de República Dominicana

Todo esto en el caso de que la respuesta a la foto del Caribe sea afirmativa. Pero si por lo que sea, tu pareja no entra al trapo y se cierra en banda al plan convencional de la Navidad en familia. No pasa nada. Hay algunas cosas que por más voluntad que le pongas, no salen. Hay que saber cuando te han vencido y lo que no puede ser, no puede ser y además, es imposible. Lo que sí es posible es aplazar el plan de República Dominicana para otra ocasión. Porque las playas, el ron y el merengue van a estar ahí esperándote para cuando sople el viento a favor. No desesperes, un día, más pronto o más tarde, conocerás el paraíso. Sólo es cuestión de fe, y de insistir mucho con la foto del Caribe. Palabra de Houdini.

Otra navidad es posible. No hay nada malo en ello. Más bien, al contrario. ¿Por qué todas las navidades hay que pasarlas en familia, comer turrón y abrigarse hasta las orejas? Te coges dos semanas de vacaciones y, al final, discutes con tu cuñado en Nochebuena, tu hermano te deja a los niños unos días (y tus sobrinos son un encanto, pero ejercer de tío es muy cansado), le mientes a tu suegra sobre lo rico que le sale el ponche… Pffff. Al final, necesitas unas vacaciones de tus vacaciones. ¿No sería mucho más lógico tomarte unos verdaderos días de descanso y huir de todos esos convencionalismos?

Coge las riendas de tu vida. Mira a los ojos a tu pareja y se lo explicas: “Mira, yo quiero mucho a tu familia y a la mía, pero he pensado un plan alternativo para que estas navidades las pasemos tú y yo juntos. Alejados del mundo. Nadie más”. Acto seguido, sin dejar mucho tiempo de reacción y con unos reflejos felinos sacas una foto de las playas de República Dominicana. “¡El Caribe nos espera! ¿Le vas a decir que ‘no’ a esto?”, Y ya está. Ya lo tienes. Nada más que añadir, señoría.

La pulserita que te abre las puertas al paraíso

No te engañes. Si vas a Punta Cana no vas a hacer turismo extremo. No vas a comprarte la guía del país y vas a ir de monumento en monumento. Tú lo que quieres es tirarte a la bartola. Que los rayos del Sol y la brisa marina se lleven tus problemas volando muy lejos con un billete que ponga: solo de ida, por favor. En todo caso, y ya el cuarto día, a lo mejor te da por probar algún deporte acuático. Un poco de surf o kitesurfing, siempre gusta. Ambos ejercicios son muy buenos para la salud, pero lo que es más importante: tienen la nota más alta en la escala de postureo-top.

Si te apetece sumergirte de lleno en el Atlántico, ponte las gafas de buceo y date una vuelta por otro mundo. No te puedes perder de ninguna forma el jardín de coral que se esconde bajo las aguas del mar, muy cerca de la costa. Descubrirás colores que ni sabías que existían. Pero si quieres ir un pasito más allá: alquila un barquito (o contrata una excursión). Hay sitios tan alucinantes como la cueva submarina de Taina Macao o ver el PewterWerck, un barco español que naufragó en 1540. Una aventura digna de Indiana Jones.

Venga, va. Un poco de turismo

Si ya te vas cansando de tanto mar, o por lo menos, después de unos días ya te entra de nuevo el gusanillo de ‘hacer cosas de interior’. Ahí está Santo Domingo, la capital. Una ciudad colonial reconocida por la UNESCO como patrimonio de la humanidad. Sus callejuelas están llenas de vida y de ritmo. Siéntate a cenar en la Plaza de España y descubre la comida típica del país, prueba el sancocho y los tostones. Además, hay mucha vida nocturna, así que para rematar el plan, debes disfrutar de un ‘roncito’ y mover el esqueleto en alguna discoteca. Porque… salir por la noche también es turismo.

Eres muy de béisbol, y no lo sabes (todavía)

Ahí va el tip freaky. Una de las ventajas de viajar en invierno a República Dominicana (además del clima, las playas y tal,  ya tu sabeh…)  es que la serie regular de béisbol se celebra entre octubre y enero. Así que si quieres un plan auténtico, ve a ver un partido de béisbol. Los dominicanos sienten pasión por este deporte, mucho más que por el fútbol. Sus jugadores son adorados como estrellas. Ir al Madison Square Garden a ver un partido de los Knicks está muy visto, y si estás en invierno en Santo Domingo es que te mola hacer cosas diferentes y pasas olímpicamente del orden establecido. ¿Puede haber algo más outsider que ver el derbi entre los Tigres del Licey y los Leones del Escogido el día de Navidad? Eso sí que es otro rollo. ¡No quiero tus regalos, Santa Claus! Quiero coger esa bola que casi se va fuera del estadio.

Créditos: Turismo de República Dominicana

Todo esto en el caso de que la respuesta a la foto del Caribe sea afirmativa. Pero si por lo que sea, tu pareja no entra al trapo y se cierra en banda al plan convencional de la Navidad en familia. No pasa nada. Hay algunas cosas que por más voluntad que le pongas, no salen. Hay que saber cuando te han vencido y lo que no puede ser, no puede ser y además, es imposible. Lo que sí es posible es aplazar el plan de República Dominicana para otra ocasión. Porque las playas, el ron y el merengue van a estar ahí esperándote para cuando sople el viento a favor. No desesperes, un día, más pronto o más tarde, conocerás el paraíso. Sólo es cuestión de fe, y de insistir mucho con la foto del Caribe. Palabra de Houdini.

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Lo que más me gusta del siglo XXI es que todavía seguimos usando un palo metálico que pone El Siguiente para distinguir nuestra compra de la de los demás en el supermercado.