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Restaurantes sin cocina: ¿quién dijo que no se podía comer bien sin cocinar?

Fernando Arrabal no se confundía del todo cuando decía que el milenarismo va a llegar. Al menos a la cocina. Los hosteleros buscan llamar la atención de los millenials con aberraciones como los locales de leche con cereales y las marcas unen conceptos antagónicos en busca del éxito, como la cerveza isotónica o las palomitas gourmet. Visto así, las cocinas sin cocina pueden parecer la nueva tendencia gastronómica chorra de turno, pero no.

Muy Placer en Conserva

Teniendo en cuenta el precio del alquiler en Madrid, no es raro ver cómo micro-restaurantes se las apañan para ofrecer la más alta cocina sin cocina. Un claro ejemplo es el Muy Placer en Conserva, un coqueto local especializado en latas de conserva. No contar con fogones no es ningún un impedimento para Olga, la cocinera detrás de platos tan elaborados como el salmorejo de remolacha, las alcachofas confitadas con vinagreta de lima, el carpaccio de atún o los canelones de puerros. No se trata de magia, sino de buen hacer. En los talleres de “cocina sin cocina” que imparten en el mismo local, te enseñan cómo realizar verdaderas delicias sirviéndose sólo de productos en conserva.

Además los fines de semana organizan conciertos y pinchadas que son un verdadero peligro si quieres llegar en buen estado el lunes al trabajo.

El Cangrejero

Muy cerca de allí está el castizo El Cangrejero, “un bar de viejos” como dicen los hipsters que suelen rondar por allí. Este sitio se caracteriza por dos cosas: tienen algunas de las tapas de encurtidos más deliciosas y lo regenta uno de los dueños más antipáticos de Madrid. Supongo que de ahí viene el carácter avinagrado. Se lo perdonamos por la lección que nos ofrece con cada tapa. Estamos muy mal acostumbrados a sacar en casa latas de berberechos marca blanca junto a las cervezas. Prueba una gilda de El cangrejero y volverás a reconciliarte con la comida envasada.

Una foto publicada por JA Pedreño (@jota_pedreno) el 1 de Nov de 2016 a la(s) 9:03 PDT

La Lata Montada

Como el Muy Placer en Conserva o El Cangrejero, La Lata Montada defiende a ultranza la comida en conserva. En especial, la comida enlatada. Casi todo lo que se sirve en este local, se sirve en lata. Si en Brooklyn todo se empezó a servir en bote por qué no podemos hacer que en Madrid el enlatado sea el new black. El local claramente aboga por esta reivindicación. Una taberna a medio camino entre la solera castiza y el pijerío gourmet. En cualquier caso lo importante aquí es el producto. Y sí, aquí hay mejillones, berberechos o chipirones, pero no saben como nada que hayas probado antes. Siempre he pensado que los boquerones en vinagre son nuestro shushi, y los que probé en la Lata Montada no hicieron más que reforzar esta idea. Además, si eres adicto a las navajas, no acabes de leer este artículo porque estarás desperdiciando tiempo valioso.

Una foto publicada por La Lata Montada (@lalatamontada) el 10 de Nov de 2016 a la(s) 8:19 PST

La Taberna de Buendi

La Taberna de Buendi es un bar del barrio de Ibiza que es famoso por sus precios económicos y sus generosas raciones. Aunque tienen una pequeña cocina, lo más famoso del local es el hornillo con el que se apañan fetén para hacer unos tostas de lo más apetitosas. Sí, habéis leído bien, tostas.
Yo también fui con reparos porque no me gustan las tostas. Son el recurso fácil para los cocineros que odian su trabajo. Pero no es el caso de La Taberna de Buendi. Aquí no encontrarás cebolla caramelizada, muchiqueso y pan rancio. La tosta de paté de bacalao es una delicia que me gustaría ver en más bares y la de ajoarriero directamente me hizo saltar la lagrimica, como buen manchego. Además después de la cena te invitan a un digerible en unas minibotellitas muy cucas, y eso es un plus.

Una foto publicada por LuiSi (@luisi8) el 9 de Jul de 2014 a la(s) 1:45 PDT

Crucina

Por último, Crucina es un vegetariano en el que el producto en lugar de hervirse, freírse u hornearse, se trabaja batiéndose, licuándose, deshidratándose o marinándose. No temas a la comida curdivegana tadalafil no prescription. Si probases en una cata a ciegas la musaka de Crucina, es muy probable que la eligieras frente a una tradicional.
Y así con muchos tantos platos: albóndigas, hamburguesa, quesos. Aquí nada es lo que parece pero el resultado es sorprendente. Quizá por eso es uno de los últimos restaurantes de moda en Malasaña.

Una foto publicada por crucina restaurante (@crucina) el 1 de Oct de 2014 a la(s) 1:27 PDT

Cocinar es siempre un placer. Mucho más con un buen disco y una copa de vino. Pero si eres de los míos, y tienes una eterna pila de cacharros sucios, puedes sacar ideas estupendas de todos estas “cocinas sin cocina” para no tener que fregar ni una olla.

Soy un chico de la calle que vive su canción.

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