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¿Por qué todos los souvenirs que vendemos son tan rematadamente horribles?

La sevillana que iba encima de la tele pero que como ahora son planas ya no cabe, el imán de cuando estuvimos visitando Cuenca, una bola de nieve con la catedral de Burgos que es un primor, un llavero recuerdo de Mojácar, ¿pero es que nunca van a evolucionar los souvenirs?

Tantos años, tanto turismo, y seguimos fabricando exactamente lo mismo. ¿Qué nos pasa? Menos mal que siempre hay una mente despierta capaz de reinventar lo inimaginable. Eso sí, de ahí a que el resultado sea bonito… ¡No podemos garantizar nada!

El negocio del souvenir ha alimentado familias enteras durante años. Décadas. ¡Siglos! Estanterías repletas de preciosos recuerdos de ciudades y países esperando se regaladas como muestra de cariño y afecto. Bonitas cucharitas con escudos grabados, campanillas de porcelana con motivos taurinos, ¡muñecas ataviadas con vestidos regionales que harían las delicias de cualquier coleccionista! ¿Quién no ha querido adornar su casa con montajes fotográficos de playas, paellas y jarras de sangría? ¡Si es que no hay quién nos gane! Así nos las hemos gastado en España durante todo este tiempo. Hemos ido a por todas y, sí, hemos vencido de calle. Aplausos, por favor.

Pero en nuestro afán por convertirnos en la primera potencia mundial en la creación de souvenirs, también hemos pecado de demasiado innovadores. Solo a nosotros se nos ocurriría crear espantos tan terribles como estos. Ojocuidado, que puede provocar daños estéticos irreversibles:

Botijos anatómicamente perfectos

El arte de la alfarería no tiene misterio para los fabricantes de souvenirs. Vasijas, platos, ceniceros y lo que haga falta. Ahora, ¿era necesario crear botijos recreando a la perfección las partes más íntimas de la anatomía humana? ¿Quién en su sano juicio quiere beber por ahí? Y sobre todo, ¿a qué mente perversa se le ocurre comprarlo para regalarlo? Por el bien de la humanidad, deberíamos desterrarlos de la faz de la Tierra.


Gorras con Cuernos: ¿Por qué?

El universo de las gorras es prácticamente inabarcable. Hay de todos los tipos, tamaños, colores y formas. Con mensaje, sin mensaje, con banderas, sin banderas y sí, con cuernos. De toro. Nos parecerá muy folclórico, muy autóctono, pero todavía no hemos encontrado el motivo para que alguien quiera ponérselas por gusto. Es una gorra con cuernos. ¿Hace falta decir más?


Caganers VIP

Reinventar la figura del caganer podría parecer imposible, pero es una realidad. La tradicional figurita del belén ha pasado a convertirse en un lienzo en blanco para retratar a todo tipo de personajes públicos. No eres nadie si no tiene tu propio caganer. ¡Si hasta Terelu se compró uno a su imagen y semejanza! Se daría cuenta de que era ella misma cagando, ¿no? Tampoco es que ofrezca mucho margen de duda pero…

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Bolígrafos de legionarios

En la ingeniería del souvenir existe uno que es digno de admiración. Solo un ser avanzado a su tiempo es capaz de idear un bolígrafo con forma de legionario. Con su barba, su camisa abierta hasta el ombligo y su pelo en el pecho. ¡Justo lo que necesitábamos! También existe su variante en forma de torero. Si esto no se lleva el premio al mejor souvenir del mundo, ya no sabemos qué más puede haber.

Un delantal de fallera, sevillana o lo que pille cerca

Es una grosería terrible. Ningún gesto peor que regalarle a alguien un delantal hortera. Con volantes a modo de bata de cola y un generoso escote. O con falda de fallera y un generoso escote. O con lo que haga falta y un generoso escote. ¡Basta ya! Tal vez va siendo hora dejar algunos clichés en el olvido. Que del destape han pasado ya treinta años. Un poquito de modernidad.

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Postales de gente tomando el sol… en los 70

La crisis de la industria del souvenir puesta en evidencia. ¿Por qué no hay postales modernas de sitios de playa? ¿Por qué todas parecen sacadas directamente de la década de los setenta? ¡Así no vamos a llegar a ninguna parte! Si no apostamos por renovar nuestros referentes, ¿quién lo va a hacer? O tomamos cartas en el asunto, o terminamos con las postales. Una de dos.

‘Fui a Benidorm y…’.

No, no hay excusa que pueda justificar esta atrocidad. No importa si es Benidorm, Madrid o Calasparra. Si se trata de una camiseta, un llavero o un sombrero de ala ancha. Ni se les ocurra regalar nada que empiece con este lema. ¡Digamos NO a los souvenirs pasados de moda! No nos hacen gracia, no nos divierten y no nos representan. Ha llegado el momento de salir a la calle para exigir souvenirs de calidad. Hagámoslo por nosotros. Hagámoslo por el mundo. El futuro nos lo agradecerá.

Uno de los chinos japoneses que inventó la confusión

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