Viaja

Mi lugar favorito del mundo. Por nueve mujeres que admiramos.

Escriben, cantan, crean, dirigen, coordinan, producen, componen, diseñan, expresan sus ideas y brillan en sus respectivos ámbitos todo el año. Hoy, para celebrarlo, nueve mujeres a las que admiramos comparten con nosotros sus lugares favoritos del mundo.

Paula Ortiz

(Directora de cine, guionista, productora y profesora. Le debemos una de las experiencias lorquianas más bonitas gracias a su película ‘La novia’).

Uno de mis lugares favoritos es una ermita románica que hay en lo alto de una ciudad medieval que se llama Daroca. Es la Iglesia de San Miguel, que tiene un fresco pintado en un color rojo, de reyes y reinas y ángeles. Es uno de mis lugares favoritos porque ahora ya no es una iglesia, ya no se utiliza para el culto, sino que se utiliza para albergar conciertos de música antigua  en verano. Me gusta mucho ir a esos conciertos porque la sonoridad, los recuerdos de cada año y del verano, a lo largo de toda mi vida (voy a estos conciertos y esta ermita desde que tengo uso de razón y recuerdo) me llevan a un momento que para mí es el mayor instante de paz de todo el año. Y toda esa paz y esa belleza la acumulo para el resto del año cuando vienen épocas más duras.

Ter

(Arquitecta, fan de las Kardashians y la mujer que nos ha devuelto la fe en Youtube gracias a su canal).

Mi lugar favorito del mundo sería dentro del océano, pero como en el océano no puedo respirar, me conformo con estar entre los emojis del whatsapp de peces y delfines. Yo podría ser el emoji de orca, que no existe todavía. O el de sirena. Y si no puedo ninguna de las dos cosas, los jardines de Cecilio Rodríguez de El Retiro de Madrid también son súper guays porque tienen pavos reales.

Foto: Ter

Carmen Pacheco

(Autora de libros como el reciente ‘Todo lo posible’, guionista del cómic ‘Let’s Pacheco: Una semana en familia’, creativa publicitaria y articulista todoterreno).

Parque nacional Marino ballena en Costa Rica: A Playa Uvita llegué por pura casualidad, acompañada de una amiga y una maleta llena de ropa mojada, después de haber estado una semana en la selva. Habíamos vivido aventuras muy por encima de nuestras posibilidades y los chicos con quien compartíamos un viaje en coche nos recomendaron ese pequeño pueblo para descansar (¿significa eso que nos habíamos subido a un coche con desconocidos sin tener claro nuestro destino? Sí, significa eso). Alquilamos una pequeña choza de aspecto muy acorde al nuestro en aquel punto del viaje, y la dueña nos indicó el camino hacia la playa sólo a unos pocos minutos. Llegamos justo cuando el sol se ponía. No podría olvidarme ni en un millón de años porque jamás había visto un cielo tan grande, tan rosa, tan naranja, tan rojo. Caminamos por lenguas de arena que se adentraban en el agua. Aún mojadas por la marea, reflejaban el cielo como espejos perfectos, creando un escenario irreal. Cielo, tierra y mar eran indistinguibles y nosotros seres diminutos a punto de ser engullidos por el atardecer. Mi amiga y yo nos habíamos separado. Ella estaba en la playa y yo en la punta de una de las lenguas de arena. Solo al mirarnos desde la distancia reconocimos la forma increíble y maravillosa del paraíso que estábamos pisando.

Bad Gyal

(Pegó el pelotazo con su versión del Work de Rihanna en catalán y desde entonces demuestra, canción a canción, que el new dancehall también es cosa de mujeres que saben y demandan lo que quieren).

Mi lugar favorito del mundo es un horno de pan que hay en un pueblo que se llama Chauen, que está en Marruecos. Delante del horno hay una placita, y es muy guay porque se juntan todos los jóvenes del pueblo. Es el recuerdo que más me llevo de ese viaje. Es un sitio especial y, de momento, de lo que he visto en el mundo, es lo que más me ha sorprendido y lo que más me ha gustado.

Beatriz Serrano

(Periodista, redactora en BuzzFeed España donde combina a la perfección los memes con la reivindicación, y coordinadora de LOLA, el rincón que la web dedica a las mujeres y el feminismo).

Se me hace muy complicado tener cosas favoritas pasados los 25 años. Por un lado porque, por fortuna, ya no necesito definirme por mis gustos como cuando era adolescente y, por otro, porque soy la típica persona que se arrepiente del plato que ha elegido un segundo después de pedírselo al camarero. Aún así, creo que un lugar favorito debería ser parecido al Palacio Mental de Sherlock: un sitio que te haga sentir bien y al que puedas recurrir casi como terapia. Por eso creo que me quedo con una ciudad a la que siempre puedes volver y te recibe con los brazos abiertos: Lisboa. Lisboa es pequeñita y manejable, tiene tranvía (y todas las ciudades con tranvía son mucho más bonitas que las que no tienen tranvía) y es preciosa sin riesgo de que te dé un stendhalazo. Tiene esa belleza enigmática y decadente de las actrices muy viejas o de los anticuarios. Tiene vino verde y todavía se puede fumar en los bares como si fueras un personaje de Mad Men. Tiene bacalhau com natas, tiene mar, tiene río, tiene castillos, tiene mercadillos, tiene lugares con vistas. Supongo que los lugares tienen mucho que ver con los recuerdos y todavía no soy capaz de guardar un mal recuerdo de esa ciudad. Al contrario, cada vez que voy mi experiencia mejora la anterior. Y vuelvo más feliz, con mil anécdotas en la cabeza, cien vinos en el cuerpo y cinco bacalaos en el estómago. Y, como si fuera un Palacio Mental, siempre puedo volver a la tarde de borrachera en el Ferroviario para alegrarme el día.

Perra de Satán

(Experta en humor, autora de ‘Kilo arriba, kilo abajo’ y la niña vestida de comunión que más te ha hecho reir en Internet).

There’s no place like home. Y el home está donde esté tu corazón. Y yo creo que en mi corazón es Semana Santa todo el año. Estampitas de cristos en mi cartera, posters del Nazareno de San Frontis en mi habitación, marchas de Semana Santa en mi móvil. ¿Habéis probado alguna vez a entrenar en el gimnasio a ritmo de Mater Mea? Se te caen los michelines solos del subidón.

Concluyo, entonces, que mi lugar favorito del mundo es la Semana Santa. La de Zamora mejor que ninguna, claro, pero lo importante no es la ciudad en concreto, sino que huela a muerte y resurrección.

Foto: Perra de Satán

Concha Hernández

(Directora del Centro de Cultura Conde Duque y del festival que lo llenará durante más de un mes de mujeres artistas extraordinarias: Ellas Crean).

Atardecer en Cabezas del Villar (Ávila): El sol se ocultaba a su espalda. Frente a ella, las siluetas de su infancia aparecían intactas, el mismo puente, el mismo cerro, la misma iglesia…casi las mismas casas. Bajó de la bicicleta y llenó sus pulmones con la fragancia del cantueso al atardecer. Cerró un momento los ojos e imaginó que su abuela Eugenia la esperaba con una suculenta tortilla de patatas y sopas de leche de postre. Después, los juegos con los otros niños a la luz de las estrellas, mientras los mayores charlaban al fresco en los poyos de piedra.

Foto: Concha Hernández

Diana Aller

(Guionista, blogger y articulista (y música y DJ y… ) que habla igual de bien de los menesteres de mundo del corazón que de maternidad, televisión, sexo, feminismo o cualquier tema que se le ponga por delante).

Si me hubieran preguntado por mi lugar favorito hace unos meses, unos años, sin dudarlo hubiera dicho Venecia, una ciudad sobrecogedora en la que la estética llega a doler.

Pero hoy sólo hay un sitio al que ansío volver una y otra vez. Quiero empadronarme en el cuerpo de Y., quiero estar, vivir y morir ahí. Existen muy pocos momentos de nirvana total, de no desear porque todos los deseos se ven colmados. Y yo los vivo perdiéndome en la morfología de otro cuerpo. En ese momento la belleza es tan extrema que se vuelve insoportable. Cuando estoy ahí siempre es primavera, caen dictaduras y el cielo se llena de fuegos artificiales.

Señorita Puri

(Autora de una de las mejores cuentas que puedes seguir en Twitter y de los libros ‘Te dejo es jódete al revés‘, ‘Madre in Spain’ y ‘La familia: alojamiento con tensión completa’).

Viajo habitualmente a Oviedo, donde vive mi familia paterna, y veraneé en el oriente asturiano, donde el paisaje verde y la arquitectura rural lo absorben todo, y la vida -al menos en su apariencia visual, superficial- parece haberse detenido un siglo atrás. Allí tengo mi memoria, mi familia, mi calor. Hace dos veranos regresé tras una ausencia de años a San Sebastián, donde pasé mi infancia hasta los seis años, pues allí vivían mis abuelos maternos hasta que la enfermedad de él y los problemas políticos les forzaron a marchar. El paisaje y la amabilidad de la gente que encontré me devolvieron a Asturias, pero lo que me sedujo y terminó por atrapar fue un paseo por el río. Al caminar junto a la orilla del Urumea, el aroma salado se me enredó en la memoria y despertó decenas de recuerdos, sonidos y olores que llevaban una vida durmientes. Y a pesar de que la familia de entonces son hoy fantasmas, brotó de nuevo en el perfume salino la querencia por esa tierra, como el encuentro con un viejo amor de verano que nos trae los rescoldos de besos pioneros y emociones primarias. Mientras Madrid es mi hogar, mi hambre y adicción, mi mente se sigue meciendo a deshoras entre Oviedo, la costa oriental asturiana, y San Sebastián.

La revolución será cuqui o no será.

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