La bicicleta clásica, en concreto, la que es para admirar además de para circular, con su diseño retro, su color pastel y su sillín de piel, tiene un punto de conexión emocional con el siglo pasado, aunque también pueda ir tuneada hasta los dientes con accesorios digitales cuenta-pulsaciones y demás gadgets odiables.

Y es que la bicicleta no es un medio de transporte, es una manera de ver la vida que tiene mucho de nostalgia pre-industrial, de amor por los días largos, las horas sin prisas, las curvas sin acelerar. Montando en bici no tienes la barrera de cristal del parabrisas, como en el coche, ni la visera del casco, como en la moto… en bici te haces uno con el viento y puedes deslizarte inocente como uno de los niños de Chanquete en verano azul, apreciando todos los matices de la luz del día, las hojas de los árboles, los colores de la calle y los gritos de los patios de los colegios.

Pero no es oro todo lo que reluce. Peripecias bucólicas al margen, hay que reconocer que también hay algo de superhéroe en el ciclista. En una ciudad construida entre montañas, como es la mía, lo de pedalear es sólo para valientes, porque aquí todo lo que baja, sube. Y hay que ver cómo sube…  Para ello es imprescindible un carácter recio, autoexigente y con espíritu de sacrificio. No todo el mundo está preparado para sufrir sobre una bici. Porque en la bici, (siento cortar el rollo) a ratos, se sufre. Y a ratos llueve, hace frío, mucho calor o la pendiente es de más del 5%.

Fotos: Volavelo

Pero es un sufrir con gusto, de los que no pica, porque “eres” de bici, como quien es de campo, de playa o de ciudad. Hay cosas que no tienen remedio, y la afición a la bici es una de ellas. Para los que no lo entienden (y me recuerdan a menudo que el motor se inventó hace años) hay que decir que la satisfacción del deber cumplido compensa holgadamente las agujetas. Si además tienes la suerte de hacerlo sobre una preciosidad como esta bicicleta urbana, entonces ya es sufrir con estilo, y sabe a gloria :)

La bicicleta clásica, en concreto, la que es para admirar además de para circular, con su diseño retro, su color pastel y su sillín de piel, tiene un punto de conexión emocional con el siglo pasado, aunque también pueda ir tuneada hasta los dientes con accesorios digitales cuenta-pulsaciones y demás gadgets odiables.

Y es que la bicicleta no es un medio de transporte, es una manera de ver la vida que tiene mucho de nostalgia pre-industrial, de amor por los días largos, las horas sin prisas, las curvas sin acelerar. Montando en bici no tienes la barrera de cristal del parabrisas, como en el coche, ni la visera del casco, como en la moto… en bici te haces uno con el viento y puedes deslizarte inocente como uno de los niños de Chanquete en verano azul, apreciando todos los matices de la luz del día, las hojas de los árboles, los colores de la calle y los gritos de los patios de los colegios.

Pero no es oro todo lo que reluce. Peripecias bucólicas al margen, hay que reconocer que también hay algo de superhéroe en el ciclista. En una ciudad construida entre montañas, como es la mía, lo de pedalear es sólo para valientes, porque aquí todo lo que baja, sube. Y hay que ver cómo sube…  Para ello es imprescindible un carácter recio, autoexigente y con espíritu de sacrificio. No todo el mundo está preparado para sufrir sobre una bici. Porque en la bici, (siento cortar el rollo) a ratos, se sufre. Y a ratos llueve, hace frío, mucho calor o la pendiente es de más del 5%.

Fotos: Volavelo

Pero es un sufrir con gusto, de los que no pica, porque “eres” de bici, como quien es de campo, de playa o de ciudad. Hay cosas que no tienen remedio, y la afición a la bici es una de ellas. Para los que no lo entienden (y me recuerdan a menudo que el motor se inventó hace años) hay que decir que la satisfacción del deber cumplido compensa holgadamente las agujetas. Si además tienes la suerte de hacerlo sobre una preciosidad como esta bicicleta urbana, entonces ya es sufrir con estilo, y sabe a gloria :)

mm
Canto, bailo, pinto, escribo, hablo (mucho) y me río de todo lo que no es importante. A una isla desierta me llevaría chocolate y vino, pero me lo acabaría en seguida, así que mejor me llevo una conexión wi-fi y mantenemos el contacto.