Este año propongo un cambio en el planteamiento de las vacaciones. Parece que la costumbre general invita a pasar el verano en la playa y el invierno en la montaña. Eso es comprensible, no hay nada como un fin de semana de esquí o unos días de relax bajo el sol, disfrutando del mar. Pero, ¿y si lo hacemos al revés?

Ir a la playa en invierno y a la montaña en verano tiene su lado positivo. Para empezar, al ir al revés de la mayoría, llegaremos a nuestro destino en temporada baja. Y no sólo ahorraremos, sino que además disfrutaremos de unas vacaciones más tranquilas.

Se acabaron esos días de playa de calor asfixiante, protegiéndonos bajo la sombrilla de los rayos UVA, huyendo de los niños que juegan a las palas, de los gritos de sus madres y de la música del chiringuito que está siempre a un volumen ensordecedor.

[redbox text=”Descubrir que la playa existe todo el año y disfrutar del aire limpio de la montaña en verano son algunos de los secretos de viajar en temporada baja.” position=”left”]

Yo te hablo de otro rollo. En verano, la montaña nos invita a hacer excursiones, a adentrarnos en bosques húmedos, refugiarnos del calor y sentirnos más cerca de la naturaleza.

Busca rutas por senderos, practica alguna actividad de aventura o simplemente disfruta de un picnic en un tranquilo valle. La montaña no te la acabas.

Y si tienes la sensación de estar perdiéndote la playa, descubrirás más adelante que la playa no la ponen en verano, que está abierta todo el año y disponible para pasear por la arena, disfrutando de un día de sol o admirando la belleza de una tormenta sobre las aguas desde nuestro hotel.

Por estas razones, yo este mes de agosto voy a pasar una semanita en Andorra, paseando por sus bosques y valles, y aprovechando las rebajas. Y cuando llegue el frío, pasaré unos días en la Costa Brava. En Cadaqués, por ejemplo, admirando el mar del invierno y disfrutando de este pequeño pueblo de costa cuando está más tranquilo y solitario.

Este año propongo un cambio en el planteamiento de las vacaciones. Parece que la costumbre general invita a pasar el verano en la playa y el invierno en la montaña. Eso es comprensible, no hay nada como un fin de semana de esquí o unos días de relax bajo el sol, disfrutando del mar. Pero, ¿y si lo hacemos al revés?

Ir a la playa en invierno y a la montaña en verano tiene su lado positivo. Para empezar, al ir al revés de la mayoría, llegaremos a nuestro destino en temporada baja. Y no sólo ahorraremos, sino que además disfrutaremos de unas vacaciones más tranquilas.

Se acabaron esos días de playa de calor asfixiante, protegiéndonos bajo la sombrilla de los rayos UVA, huyendo de los niños que juegan a las palas, de los gritos de sus madres y de la música del chiringuito que está siempre a un volumen ensordecedor.

[redbox text=”Descubrir que la playa existe todo el año y disfrutar del aire limpio de la montaña en verano son algunos de los secretos de viajar en temporada baja.” position=”left”]

Yo te hablo de otro rollo. En verano, la montaña nos invita a hacer excursiones, a adentrarnos en bosques húmedos, refugiarnos del calor y sentirnos más cerca de la naturaleza.

Busca rutas por senderos, practica alguna actividad de aventura o simplemente disfruta de un picnic en un tranquilo valle. La montaña no te la acabas.

Y si tienes la sensación de estar perdiéndote la playa, descubrirás más adelante que la playa no la ponen en verano, que está abierta todo el año y disponible para pasear por la arena, disfrutando de un día de sol o admirando la belleza de una tormenta sobre las aguas desde nuestro hotel.

Por estas razones, yo este mes de agosto voy a pasar una semanita en Andorra, paseando por sus bosques y valles, y aprovechando las rebajas. Y cuando llegue el frío, pasaré unos días en la Costa Brava. En Cadaqués, por ejemplo, admirando el mar del invierno y disfrutando de este pequeño pueblo de costa cuando está más tranquilo y solitario.