Por eso no dejes que tampoco lo hagan los miles de turistas que, como manada, hacen el mismo circuito cada día. Consigue que tu cara no aparezca en el álbum de fotos de algún turista japonés, huye de lo típico y recorre Argentina a la argentina.

Durante años, a cualquier parte del mundo que viajara y decía que era de Argentina, lo primero (y casi único) que me respondían era ¡Ahh, Maradona! Con el tiempo, el grito mutó a ¡Ahh, Messi! Y, claro, también estaban los que queriendo demostrar un mayor conocimiento cultural lanzaban un recurrente “cheeee, boluda”.

[redbox text=”Argentina es mucho más que sus tópicos. Y la mejor forma de comprobarlo es recorriendo el país como lo haría un local, contagiándose de su espíritu “argento”.” position=”right”]

Así es, habitantes del mundo, les confirmo que efectivamente Maradona, Messi, el Che, Mafalda y Carlos Gardel (aunque esto genere polémica) son argentinos, así como otros 40 millones de personas y otros personajes más que se adueñaron del merchandising turístico. También tenemos vacas dignas del Premio Nobel, vinos que reaniman a moribundos y una forma de pronunciar bastante peculiar que hace que, por ejemplo, al decir “yo llamo, pero las llaves se cayeron en la calle” sólo se escuche un largo e interminable “ssshhhh”. Ah, y sí, dos de cada seis palabras son “boludo”. Y no, no todos sabemos bailar tango.

Por eso, futuro conocedor de estas tierras, es bueno saber que Argentina es mucho más que sus tópicos. Y la mejor forma de comprobarlo es recorriendo el país como lo haría un local, contagiándose de su espíritu “argento”.

Primeros pasos en el país del “bolonqui” 

Empecemos por Buenos Aires, que es donde seguramente llegarás.

Lo primero que hay que aprender es que al argentino le gusta hablar. Mucho. Y al porteño, más. Nuestro vocabulario es bastante particular, ya que utilizamos palabras que provienen del lunfardo. Este comenzó a fines de siglo XIX como lenguaje carcelario de los presos, para que los guardias no los entendieran. Finalmente se expandió a toda la sociedad dándole un carácter coloquial y colorido.

Así que te propongo que para no levantar sospechas y ser un verdadero falso turista, intercales en tus frases palabras lunfardas argentinas. Por ejemplo: “mina” (mujer),  “empilchada” (bien vestida, elegante), “te dejaron de garpe” (te dejaron esperando). El hit “bolonqui” (quilombo al revés, que significa lío, alboroto). O el que vas a escuchar más frecuente: “bondi” (bus). Eso sí, no es cuestión de llegar y empezar a hablar al vesre, porque no todas las palabras funcionan de esta forma y uno se puede quedar hablando más solo que Adán en el día de la madre. Por eso es bueno estar prevenido, para no quedar “arafue” de la conversación.

Y para escuchar cómo hablan los locales y ser uno más, nada mejor que empezar el día en un café. El café, como lugar, es una institución en sí misma, una especie de diván comunitario donde hablarás con la misma pasión de engaños amorosos, jefes abominables o de la mala actuación del árbitro en el último partido Boca-River, el clásico porteño. No importa sobre qué: si quieres ser un argentino más, empieza por quejarte en un café.

El lugar donde lo tomes solo hará variar un poco la experiencia. Se puede pedir en algún cafetín tradicional del centro o de San Telmo, por ejemplo, esos que no son tan bonitos y el camarero parece estar haciéndote un favor, pero donde se respira el paso detenido del tiempo. O tomar un cortado en un ambiente único, como la despampanante librería El Ateneo (un ex teatro remodelado digno de aplausos) en Santa Fé y Callao. En cambio, en el barrio de Palermo, con sus calles plagadas de locales de diseñadores y bares de moda, es mejor olvidar el café y pedir directamente un brunch.

San Telmo
San Telmo. @Gina-Marie Gattone

Comer y salir en “La París de Suramérica”

Para escapar realmente de los turistas, se puede caminar por el barrio de Colegiales. Sus casas viejas le dan un toque residencial y de mucho encanto. Allí existe una potente cantidad de bares y locales de diseño. Lo mismo sucede con Chacarita, barrio de pasiones futboleras y del cementerio más grande de la ciudad, que se está convirtiendo poco a poco en un polo gastronómico y cultural muy importante. Algunos ejemplos de esto son bares legendarios como El Bar de Rodney, el vegetariano Masamadre o la cantina El Chicho, donde se puede ver desde el mismo escaparate cómo cocinan las pastas como lo hacía la abuela.

También es esencial ir a comer un “chori” o un “bondiopan” con mucho chimichurri en los carritos de la Costanera. Al mediodía se llena de oficinistas y trabajadores de la construcción, sentados a la par. Puede caerte un poco pesado si no estás acostumbrado, así que no lo dejaría para el último día de viaje.

Aunque si se quiere ser un argentino de ley, lo que hay que probar es el mate. Sí, esa infusión amarguísima que se toma con bombilla y acompaña todo el día como un amigo fiel. El mate nació para compartirse, no importa con quién lo estés tomando, nunca se niega uno. Y tomarlo con azúcar es considerado sacrilegio, así que a ser valientes, poner cara de ganador de Oscar sorprendido y entrarle sin miedo al mate amargo.

@Marilin Gonzalo
@Marilin Gonzalo

A fuerza de las crisis, el argentino se hizo amigo de las ofertas y de cuidar el bolsillo con inteligencia. Por eso, a la hora de buscar sitios para comer a buen precio puedes encontrar algunos en atrapalo.com.ar. Así, por ejemplo, se puede comer carne en la parrilla Rodizio Costanera hasta quedar desmayado y luego reanimarse haciendo remo por el Delta durante la tarde sin romper la hucha.

Pero, como no solo de comida vive el argentino, también hay una gran oferta cultural para aprovechar. Si visitas Buenos Aires en verano, una cita obligada es concurrir al menos una vez al Centro Cultural Konex. Los lunes hay espectáculo de percusión que termina en una verdadera fiesta de baile y descontrol. Suelen haber turistas, pero son minoría. Si se quiere algo más tranquilo, suele haber un Ciclo de Cine Bajo Las Estrellas, con tumbonas en el suelo para mirar películas proyectadas en pantalla gigante. Hay mucho teatro under y bares con música en vivo. Vale la pena darle una ojeada a la wipe.com.ar antes de salir, siempre hay algún evento que convence.

En fin, Buenos Aires tiene bien ganado el mote de la París de Sudamérica. Es elegante, culturalmente rica y moderna. Por allí se escucha decir que “Dios está en todas partes, pero atiende en Buenos Aires” y puede que tenga razón. O puede que esto lo haya inventado un porteño también. Yo no fui. :-)

Más allá de Buenos Aires

A la hora de salir de Buenos Aires hacia otras provincias, hay que recordar un hecho: Argentina tiene más de 3.700 km de Norte a Sur. Para el argentino no hay distancias largas porque convive con ellas diariamente. Por eso, en verano será normal ver las carreteras cargadas de coches durante los fines de semana. Ya sea para llegar a Tigre, saltar a un bote y recorrer las islas del Delta a solo una hora de la capital o para ir a “La Feliz”, como es conocida Mar del Plata, una de las ciudades balnearias más populares y bonitas de Buenos Aires que está aproximadamente a cinco horas. :-) Y sí, todavía continúa siendo Buenos Aires.

A pesar de que las playas bonaerenses no se caracterizan por ser de una arena blanquísima y un mar turquesa digno de postal, siempre representan una buena escapada de fin de semana para oxigenarse y retomar energías.

Hay muchos pueblecitos costeros muy pintorescos y poco concurridos, que buscan alejarse del boom de la construcción desmedida y mantener el ambiente rústico original, combinando a la perfección playas extensas y bosque. Entre los más bonitos se encuentran Mar Azul, Mar de las Pampas, Las Gaviotas, o el ya más turístico Cariló. Así que tú, pseudo argentino de vacaciones, agarra el termo, el mate, un abrigo (siempre hay mucho viento en la costa), la sombrilla y a enfilar para la playa. Muchos buses llegan hasta allí pero si se quiere pasear por los distintos pueblos, lo más recomendable es alquilar un coche en la capital. Son entre cuatro y seis horas, con buenas carreteras.

Si nos alejamos un poco más y vamos, por ejemplo, a Mendoza, la ruta del vino es un circuito obligado. No importa si hay muchos turistas (aunque no hay taaantos), después de un par de copas de buen Malbec ya dejan de ser molestos. Una vez pasado el efecto, y si se quiere un contacto más directo con los cálidos  mendocinos, lo ideal es recorrer San Rafael y desde allí ir a la cuna de los deportes de aventura: Valle Grande. Rafting, kayak, tirolina, trekking y todo lo que desees hacer en un lugar donde manda la familia y los grupos grandes de amigos. Ah, si vas a probar el mate aquí, pide “raspaditas” para acompañar. Son unos bizcochitos hojaldrados típicos muy ricos.

Al Norte del Norte

Pero sigamos subiendo, más al Norte está Salta, cuna de grandes folcloristas, llena de valles y campos verdes. “Salta la linda” le dicen, así que imaginen lo que les espera. Tiene el inmenso honor de darle su gentilicio a una de las empanadas argentinas más solicitadas: la de carne. La tradicional empanada salteña es sinónimo de chuparse los dedos y rogar a todos los santos que tus acompañantes sean vegetarianos. Como buen turista mimetizado tienes que probarla. Y si es frita, mejor. En la ciudad, la calle Balcarce es uno de los lugares más activos, tanto de día como de noche. Sobre esta calle se concentra la mayor cantidad de peñas folclóricas, donde tanto cantantes amateurs como aquellos más profesionales se prestan la guitarra para cantar en un ambiente divertido. Dato curioso: no sé cómo lo hacen, pero la mayoría cantan muy, pero muy bien. Así que si vas, no vayas con la actitud de estar en el karaoke a las 3:00 de la madrugada después de varios gin tonics, porque puede que destaques demasiado.

Cueva del Obispo, Salta. @Klaus Balzano
Cueva del Obispo, Salta. @Klaus Balzano

Aún más al Norte, al límite con Bolivia, se encuentra Jujuy. Una pequeña provincia árida y auténtica, con luces y sombras, y una población tan silenciosa como amable. Es el destino que eligen muchos mochileros en sus primeros viajes, por lo que mantiene un aire hippie sin serlo realmente. Una visita obligada es Iruya. Recomiendo pasar un par de noches en este pueblecito colgado en la montaña, “escuchar” el silencio que habita en él y realizar el camino que nos lleva hasta San Isidro, una maravilla a la que sólo se accede a pie o en burro. También es una experiencia única ir a los carnavales jujeños (durante febrero y enero en Tilcara), que poco tiene que ver con el concepto que tenemos de carnaval, ya sea brasilero o veneciano.

Al Sur: La Patagonia

Y como todo lo que sube tiene que bajar, qué mejor que hacerlo en la Patagonia. El Sur es hermoso, tanto en invierno como en verano. Hacer el Circuito de los Siete Lagos en coche es algo que nunca olvidarás. Si no tienes mucho tiempo y sólo tienes que elegir un lugar (lo cual sería una pena), yo iría a Villa La Angostura. Se puede parar en Bahía Manzano y disfrutar de unas vistas de postal. Igualmente lo mejor es ponerse las zapatillas de trekking y empezar a caminar o tirarse a descansar en la orilla del lago Nahuel Huapi, donde la leyenda dice que duerme en su profundidad el querido Nahuelito. Ah, y aunque es sabido que el argentino es más de carne que de pescado, la trucha patagónica (familia de los salmónidos) que allí se encuentra es digna de un monumento.

@douglas scortegana
@douglas scortegana

Hay algo que sí es verdad y es que no importa para qué lado coloques la brújula o cuántos kilómetros recorras, Argentina es especial y solidaria. Su idiosincrasia es indefinible, quizá producto de la mezcla de la realidad latinoamericana en la que está inmersa y de la visión europeizada que le trajeron los miles de inmigrantes españoles e italianos en su mayoría. Quizá esa naturaleza cálida y pícara que tiene el argentino sea tu mejor aduana, esa que coloque un nuevo sello en tu pasaporte: el de sentirte como si hubieras llegado a casa.

Imagen de portada de @mariusz kluzniak.

Por eso no dejes que tampoco lo hagan los miles de turistas que, como manada, hacen el mismo circuito cada día. Consigue que tu cara no aparezca en el álbum de fotos de algún turista japonés, huye de lo típico y recorre Argentina a la argentina.

Durante años, a cualquier parte del mundo que viajara y decía que era de Argentina, lo primero (y casi único) que me respondían era ¡Ahh, Maradona! Con el tiempo, el grito mutó a ¡Ahh, Messi! Y, claro, también estaban los que queriendo demostrar un mayor conocimiento cultural lanzaban un recurrente “cheeee, boluda”.

[redbox text=”Argentina es mucho más que sus tópicos. Y la mejor forma de comprobarlo es recorriendo el país como lo haría un local, contagiándose de su espíritu “argento”.” position=”right”]

Así es, habitantes del mundo, les confirmo que efectivamente Maradona, Messi, el Che, Mafalda y Carlos Gardel (aunque esto genere polémica) son argentinos, así como otros 40 millones de personas y otros personajes más que se adueñaron del merchandising turístico. También tenemos vacas dignas del Premio Nobel, vinos que reaniman a moribundos y una forma de pronunciar bastante peculiar que hace que, por ejemplo, al decir “yo llamo, pero las llaves se cayeron en la calle” sólo se escuche un largo e interminable “ssshhhh”. Ah, y sí, dos de cada seis palabras son “boludo”. Y no, no todos sabemos bailar tango.

Por eso, futuro conocedor de estas tierras, es bueno saber que Argentina es mucho más que sus tópicos. Y la mejor forma de comprobarlo es recorriendo el país como lo haría un local, contagiándose de su espíritu “argento”.

Primeros pasos en el país del “bolonqui” 

Empecemos por Buenos Aires, que es donde seguramente llegarás.

Lo primero que hay que aprender es que al argentino le gusta hablar. Mucho. Y al porteño, más. Nuestro vocabulario es bastante particular, ya que utilizamos palabras que provienen del lunfardo. Este comenzó a fines de siglo XIX como lenguaje carcelario de los presos, para que los guardias no los entendieran. Finalmente se expandió a toda la sociedad dándole un carácter coloquial y colorido.

Así que te propongo que para no levantar sospechas y ser un verdadero falso turista, intercales en tus frases palabras lunfardas argentinas. Por ejemplo: “mina” (mujer),  “empilchada” (bien vestida, elegante), “te dejaron de garpe” (te dejaron esperando). El hit “bolonqui” (quilombo al revés, que significa lío, alboroto). O el que vas a escuchar más frecuente: “bondi” (bus). Eso sí, no es cuestión de llegar y empezar a hablar al vesre, porque no todas las palabras funcionan de esta forma y uno se puede quedar hablando más solo que Adán en el día de la madre. Por eso es bueno estar prevenido, para no quedar “arafue” de la conversación.

Y para escuchar cómo hablan los locales y ser uno más, nada mejor que empezar el día en un café. El café, como lugar, es una institución en sí misma, una especie de diván comunitario donde hablarás con la misma pasión de engaños amorosos, jefes abominables o de la mala actuación del árbitro en el último partido Boca-River, el clásico porteño. No importa sobre qué: si quieres ser un argentino más, empieza por quejarte en un café.

El lugar donde lo tomes solo hará variar un poco la experiencia. Se puede pedir en algún cafetín tradicional del centro o de San Telmo, por ejemplo, esos que no son tan bonitos y el camarero parece estar haciéndote un favor, pero donde se respira el paso detenido del tiempo. O tomar un cortado en un ambiente único, como la despampanante librería El Ateneo (un ex teatro remodelado digno de aplausos) en Santa Fé y Callao. En cambio, en el barrio de Palermo, con sus calles plagadas de locales de diseñadores y bares de moda, es mejor olvidar el café y pedir directamente un brunch.

San Telmo
San Telmo. @Gina-Marie Gattone

Comer y salir en “La París de Suramérica”

Para escapar realmente de los turistas, se puede caminar por el barrio de Colegiales. Sus casas viejas le dan un toque residencial y de mucho encanto. Allí existe una potente cantidad de bares y locales de diseño. Lo mismo sucede con Chacarita, barrio de pasiones futboleras y del cementerio más grande de la ciudad, que se está convirtiendo poco a poco en un polo gastronómico y cultural muy importante. Algunos ejemplos de esto son bares legendarios como El Bar de Rodney, el vegetariano Masamadre o la cantina El Chicho, donde se puede ver desde el mismo escaparate cómo cocinan las pastas como lo hacía la abuela.

También es esencial ir a comer un “chori” o un “bondiopan” con mucho chimichurri en los carritos de la Costanera. Al mediodía se llena de oficinistas y trabajadores de la construcción, sentados a la par. Puede caerte un poco pesado si no estás acostumbrado, así que no lo dejaría para el último día de viaje.

Aunque si se quiere ser un argentino de ley, lo que hay que probar es el mate. Sí, esa infusión amarguísima que se toma con bombilla y acompaña todo el día como un amigo fiel. El mate nació para compartirse, no importa con quién lo estés tomando, nunca se niega uno. Y tomarlo con azúcar es considerado sacrilegio, así que a ser valientes, poner cara de ganador de Oscar sorprendido y entrarle sin miedo al mate amargo.

@Marilin Gonzalo
@Marilin Gonzalo

A fuerza de las crisis, el argentino se hizo amigo de las ofertas y de cuidar el bolsillo con inteligencia. Por eso, a la hora de buscar sitios para comer a buen precio puedes encontrar algunos en atrapalo.com.ar. Así, por ejemplo, se puede comer carne en la parrilla Rodizio Costanera hasta quedar desmayado y luego reanimarse haciendo remo por el Delta durante la tarde sin romper la hucha.

Pero, como no solo de comida vive el argentino, también hay una gran oferta cultural para aprovechar. Si visitas Buenos Aires en verano, una cita obligada es concurrir al menos una vez al Centro Cultural Konex. Los lunes hay espectáculo de percusión que termina en una verdadera fiesta de baile y descontrol. Suelen haber turistas, pero son minoría. Si se quiere algo más tranquilo, suele haber un Ciclo de Cine Bajo Las Estrellas, con tumbonas en el suelo para mirar películas proyectadas en pantalla gigante. Hay mucho teatro under y bares con música en vivo. Vale la pena darle una ojeada a la wipe.com.ar antes de salir, siempre hay algún evento que convence.

En fin, Buenos Aires tiene bien ganado el mote de la París de Sudamérica. Es elegante, culturalmente rica y moderna. Por allí se escucha decir que “Dios está en todas partes, pero atiende en Buenos Aires” y puede que tenga razón. O puede que esto lo haya inventado un porteño también. Yo no fui. :-)

Más allá de Buenos Aires

A la hora de salir de Buenos Aires hacia otras provincias, hay que recordar un hecho: Argentina tiene más de 3.700 km de Norte a Sur. Para el argentino no hay distancias largas porque convive con ellas diariamente. Por eso, en verano será normal ver las carreteras cargadas de coches durante los fines de semana. Ya sea para llegar a Tigre, saltar a un bote y recorrer las islas del Delta a solo una hora de la capital o para ir a “La Feliz”, como es conocida Mar del Plata, una de las ciudades balnearias más populares y bonitas de Buenos Aires que está aproximadamente a cinco horas. :-) Y sí, todavía continúa siendo Buenos Aires.

A pesar de que las playas bonaerenses no se caracterizan por ser de una arena blanquísima y un mar turquesa digno de postal, siempre representan una buena escapada de fin de semana para oxigenarse y retomar energías.

Hay muchos pueblecitos costeros muy pintorescos y poco concurridos, que buscan alejarse del boom de la construcción desmedida y mantener el ambiente rústico original, combinando a la perfección playas extensas y bosque. Entre los más bonitos se encuentran Mar Azul, Mar de las Pampas, Las Gaviotas, o el ya más turístico Cariló. Así que tú, pseudo argentino de vacaciones, agarra el termo, el mate, un abrigo (siempre hay mucho viento en la costa), la sombrilla y a enfilar para la playa. Muchos buses llegan hasta allí pero si se quiere pasear por los distintos pueblos, lo más recomendable es alquilar un coche en la capital. Son entre cuatro y seis horas, con buenas carreteras.

Si nos alejamos un poco más y vamos, por ejemplo, a Mendoza, la ruta del vino es un circuito obligado. No importa si hay muchos turistas (aunque no hay taaantos), después de un par de copas de buen Malbec ya dejan de ser molestos. Una vez pasado el efecto, y si se quiere un contacto más directo con los cálidos  mendocinos, lo ideal es recorrer San Rafael y desde allí ir a la cuna de los deportes de aventura: Valle Grande. Rafting, kayak, tirolina, trekking y todo lo que desees hacer en un lugar donde manda la familia y los grupos grandes de amigos. Ah, si vas a probar el mate aquí, pide “raspaditas” para acompañar. Son unos bizcochitos hojaldrados típicos muy ricos.

Al Norte del Norte

Pero sigamos subiendo, más al Norte está Salta, cuna de grandes folcloristas, llena de valles y campos verdes. “Salta la linda” le dicen, así que imaginen lo que les espera. Tiene el inmenso honor de darle su gentilicio a una de las empanadas argentinas más solicitadas: la de carne. La tradicional empanada salteña es sinónimo de chuparse los dedos y rogar a todos los santos que tus acompañantes sean vegetarianos. Como buen turista mimetizado tienes que probarla. Y si es frita, mejor. En la ciudad, la calle Balcarce es uno de los lugares más activos, tanto de día como de noche. Sobre esta calle se concentra la mayor cantidad de peñas folclóricas, donde tanto cantantes amateurs como aquellos más profesionales se prestan la guitarra para cantar en un ambiente divertido. Dato curioso: no sé cómo lo hacen, pero la mayoría cantan muy, pero muy bien. Así que si vas, no vayas con la actitud de estar en el karaoke a las 3:00 de la madrugada después de varios gin tonics, porque puede que destaques demasiado.

Cueva del Obispo, Salta. @Klaus Balzano
Cueva del Obispo, Salta. @Klaus Balzano

Aún más al Norte, al límite con Bolivia, se encuentra Jujuy. Una pequeña provincia árida y auténtica, con luces y sombras, y una población tan silenciosa como amable. Es el destino que eligen muchos mochileros en sus primeros viajes, por lo que mantiene un aire hippie sin serlo realmente. Una visita obligada es Iruya. Recomiendo pasar un par de noches en este pueblecito colgado en la montaña, “escuchar” el silencio que habita en él y realizar el camino que nos lleva hasta San Isidro, una maravilla a la que sólo se accede a pie o en burro. También es una experiencia única ir a los carnavales jujeños (durante febrero y enero en Tilcara), que poco tiene que ver con el concepto que tenemos de carnaval, ya sea brasilero o veneciano.

Al Sur: La Patagonia

Y como todo lo que sube tiene que bajar, qué mejor que hacerlo en la Patagonia. El Sur es hermoso, tanto en invierno como en verano. Hacer el Circuito de los Siete Lagos en coche es algo que nunca olvidarás. Si no tienes mucho tiempo y sólo tienes que elegir un lugar (lo cual sería una pena), yo iría a Villa La Angostura. Se puede parar en Bahía Manzano y disfrutar de unas vistas de postal. Igualmente lo mejor es ponerse las zapatillas de trekking y empezar a caminar o tirarse a descansar en la orilla del lago Nahuel Huapi, donde la leyenda dice que duerme en su profundidad el querido Nahuelito. Ah, y aunque es sabido que el argentino es más de carne que de pescado, la trucha patagónica (familia de los salmónidos) que allí se encuentra es digna de un monumento.

@douglas scortegana
@douglas scortegana

Hay algo que sí es verdad y es que no importa para qué lado coloques la brújula o cuántos kilómetros recorras, Argentina es especial y solidaria. Su idiosincrasia es indefinible, quizá producto de la mezcla de la realidad latinoamericana en la que está inmersa y de la visión europeizada que le trajeron los miles de inmigrantes españoles e italianos en su mayoría. Quizá esa naturaleza cálida y pícara que tiene el argentino sea tu mejor aduana, esa que coloque un nuevo sello en tu pasaporte: el de sentirte como si hubieras llegado a casa.

Imagen de portada de @mariusz kluzniak.

mm
Impuntual sin rehabilitación y dueña de una risa delfín poco disimulable, soy una 4x4 que camina sobre cualquier terreno y si es empinado mejor. Me gusta leer, el arte en todas sus formas, las empanadas y la cerámica. Pero lo que más, más amo en la vida es viajar. Ah, mi palabra comodín es zarlanga. Siempre queda bien en una frase.