En francés existe un término muy curioso: houdinize, que viene a significar algo así como “huir de una situación comprometida por la técnica del retorcimiento”. Y básicamente, eso es lo que he hecho yo esta mañana, ya que he tenido que montar un tinglado bien retorcido para poder escaparme del curro y venir a la exposición Houdini, Las Leyes del Asombro, que estará en el Espacio Fundación Telefónica de Gran Vía del 10 de febrero al 28 de mayo. Tres meses para visitarla pero yo estoy aquí el mismo día de apertura. No me lo podía perder. Así que aquí estoy, delante de un enorme cartel con la hipnótica mirada del Gran Houdini. Me mira desafiante, como si me estuviera retando.

Y es que el bueno de Harry no hizo otra cosa en la vida que plantearse retos:  a sí mismo, al mundo, a los límites de la ciencia y hasta a la mismísima Muerte. Cada número era una celebración de la vida, burlándose de la Muerte. Negándola. Pero no era un loco temerario, era un estudioso, un perfeccionista. No dejaba nada al azar y todo estaba medido al milímetro. El más mínimo error podía ser fatal.

La historia de Harry Houdini es la historia de un hombre con una obsesión: dejar al mundo asombrado ante sus hazañas. Pero empecemos por el principio:

LAS BARRACAS DE FERIA

De niño, el pequeño Harry soñaba con seguir los pasos de su idolatrado Robert Houdin y ser un mago famoso. A base de tesón y esfuerzo, no sólo llegó a igualar a su ídolo, sino que su figura llegó a sobrepasar al mago del que tomó el nombre. A base de fotografías, carteles y cachivaches extraños nos podemos hacer una idea de lo que fue la primera etapa de Houdini como mago de un circo ambulante. Una época algo turbia en la que en los circos se exhibían a personas con deformidades como una atracción de feria, como en la mítica película Freaks de Todd Browning. Pero Houdini sabía que su arte era más elevado y pronto se distanció de este tipo de freak-shows, centrándose en el escapismo.

ESPOSAS Y GRILLETES

El espacio central de la exposición está reservado para una camisa de fuerza, de las que usó el propio Houdini en sus espectáculos. Impresiona estar tan cerca de una pieza así. Sientes angustia sólo de verla. Y es que una camisa de fuerza del siglo XIX no era moco de pavo. Dicen las malas lenguas que cada vez que tenía que librarse de ella, tenía que dislocarse el hombro. Eso es sacrificio por hacer lo que te gusta, y lo demás son tonterías.

Número tras número, a cada cual más complejo y peligroso, Houdini demostró que no existía en este mundo artilugio capaz de retenerlo. Pero él siempre fue con la verdad por delante. Nunca dijo que se tratará de algún tipo de hechizo o magia negra, su arte era honesto, y hasta retaba al público a que adivinaran la forma en la que conseguía escapar. Nadie pudo dejarlo en evidencia jamás. La gente asistía (entre asombrada y aliviada) a otra nueva burla a la muerte por parte del escapista. Cada nueva osadía del Gran Houdini, alimentaba el morbo de la gente, que acudía en masa a verle saltar desde un puente (o la locura que se le hubiera ocurrido en ese momento) movidos por el oscuro deseo de poder decir que estuvieron ahí el día que murió Houdini. Pero él nunca les dió esa satisfacción.

PRENSA

Houdini podría haber sido simplemente un gran escapista, pero lo que le convirtió en el mejor escapista de todos los tiempos fue su gran sentido del espectáculo. Sabía manejar a los medios a su antojo. Al parecer, solía llegar a una ciudad y retaba al sheriff del lugar a que le encerrara en su cárcel con grilletes en pies y manos. Pocos minutos después se escapaba tan pancho. Estas cosas llenaban las portadas de los periódicos y hacían su figura cada vez más grande. Cero inversión, máxima publicidad.

Por aquel entonces, los primeros aviones empezaban a despegar y a los pilotos se les trataba como a héroes. ¿Y qué creéis que se le pasó por la cabeza a Houdini? Efectivamente, realizar un número de escapismo a bordo de una de esas mágicas máquinas que surcaban el cielo. Otra vez, llenaba las portadas de los periódicos. Otra vez: cero inversión, máxima publicidad.

Me temo que yo no puedo emular sus hazañas en este aspecto, ya que debo ser discreto para volver al curro, sin ser visto por los jefes. Así que, me abstendré de llamar a la prensa…

Houdini en Avión

HOMENAJE AL SANTO PATRÓN

No os desvelaré aquí todas las partes en que se divide la exposición. Ni los trucos ópticos que usaba para hacer desaparecer a un elefante del escenario. Ni su obsesión por desmontar los mitos del espiritismo. Porque es mejor que descubráis vosotros mismos todo el delirante universo que rodea al personaje de Harry Houdini. Un ejemplo para todos de superación y esfuerzo.

Nosotros, la comunidad que escribimos en esta santa página web, nos consideramos Houdinis porque (como reza nuestro credo) somos escapistas de la rutina. En este caso, la metáfora no puede ser más acertada. Ya que hoy no sólo he escapado de mi rutina sino que me he jugado mi puesto de trabajo, por venir a honrar a nuestro santo patrón y poder rendirle homenaje con este pequeño texto.

Seguro que El Gran Houdini habría estado orgulloso de mi maniobra de escapismo.

En francés existe un término muy curioso: houdinize, que viene a significar algo así como “huir de una situación comprometida por la técnica del retorcimiento”. Y básicamente, eso es lo que he hecho yo esta mañana, ya que he tenido que montar un tinglado bien retorcido para poder escaparme del curro y venir a la exposición Houdini, Las Leyes del Asombro, que estará en el Espacio Fundación Telefónica de Gran Vía del 10 de febrero al 28 de mayo. Tres meses para visitarla pero yo estoy aquí el mismo día de apertura. No me lo podía perder. Así que aquí estoy, delante de un enorme cartel con la hipnótica mirada del Gran Houdini. Me mira desafiante, como si me estuviera retando.

Y es que el bueno de Harry no hizo otra cosa en la vida que plantearse retos:  a sí mismo, al mundo, a los límites de la ciencia y hasta a la mismísima Muerte. Cada número era una celebración de la vida, burlándose de la Muerte. Negándola. Pero no era un loco temerario, era un estudioso, un perfeccionista. No dejaba nada al azar y todo estaba medido al milímetro. El más mínimo error podía ser fatal.

La historia de Harry Houdini es la historia de un hombre con una obsesión: dejar al mundo asombrado ante sus hazañas. Pero empecemos por el principio:

LAS BARRACAS DE FERIA

De niño, el pequeño Harry soñaba con seguir los pasos de su idolatrado Robert Houdin y ser un mago famoso. A base de tesón y esfuerzo, no sólo llegó a igualar a su ídolo, sino que su figura llegó a sobrepasar al mago del que tomó el nombre. A base de fotografías, carteles y cachivaches extraños nos podemos hacer una idea de lo que fue la primera etapa de Houdini como mago de un circo ambulante. Una época algo turbia en la que en los circos se exhibían a personas con deformidades como una atracción de feria, como en la mítica película Freaks de Todd Browning. Pero Houdini sabía que su arte era más elevado y pronto se distanció de este tipo de freak-shows, centrándose en el escapismo.

ESPOSAS Y GRILLETES

El espacio central de la exposición está reservado para una camisa de fuerza, de las que usó el propio Houdini en sus espectáculos. Impresiona estar tan cerca de una pieza así. Sientes angustia sólo de verla. Y es que una camisa de fuerza del siglo XIX no era moco de pavo. Dicen las malas lenguas que cada vez que tenía que librarse de ella, tenía que dislocarse el hombro. Eso es sacrificio por hacer lo que te gusta, y lo demás son tonterías.

Número tras número, a cada cual más complejo y peligroso, Houdini demostró que no existía en este mundo artilugio capaz de retenerlo. Pero él siempre fue con la verdad por delante. Nunca dijo que se tratará de algún tipo de hechizo o magia negra, su arte era honesto, y hasta retaba al público a que adivinaran la forma en la que conseguía escapar. Nadie pudo dejarlo en evidencia jamás. La gente asistía (entre asombrada y aliviada) a otra nueva burla a la muerte por parte del escapista. Cada nueva osadía del Gran Houdini, alimentaba el morbo de la gente, que acudía en masa a verle saltar desde un puente (o la locura que se le hubiera ocurrido en ese momento) movidos por el oscuro deseo de poder decir que estuvieron ahí el día que murió Houdini. Pero él nunca les dió esa satisfacción.

PRENSA

Houdini podría haber sido simplemente un gran escapista, pero lo que le convirtió en el mejor escapista de todos los tiempos fue su gran sentido del espectáculo. Sabía manejar a los medios a su antojo. Al parecer, solía llegar a una ciudad y retaba al sheriff del lugar a que le encerrara en su cárcel con grilletes en pies y manos. Pocos minutos después se escapaba tan pancho. Estas cosas llenaban las portadas de los periódicos y hacían su figura cada vez más grande. Cero inversión, máxima publicidad.

Por aquel entonces, los primeros aviones empezaban a despegar y a los pilotos se les trataba como a héroes. ¿Y qué creéis que se le pasó por la cabeza a Houdini? Efectivamente, realizar un número de escapismo a bordo de una de esas mágicas máquinas que surcaban el cielo. Otra vez, llenaba las portadas de los periódicos. Otra vez: cero inversión, máxima publicidad.

Me temo que yo no puedo emular sus hazañas en este aspecto, ya que debo ser discreto para volver al curro, sin ser visto por los jefes. Así que, me abstendré de llamar a la prensa…

Houdini en Avión

HOMENAJE AL SANTO PATRÓN

No os desvelaré aquí todas las partes en que se divide la exposición. Ni los trucos ópticos que usaba para hacer desaparecer a un elefante del escenario. Ni su obsesión por desmontar los mitos del espiritismo. Porque es mejor que descubráis vosotros mismos todo el delirante universo que rodea al personaje de Harry Houdini. Un ejemplo para todos de superación y esfuerzo.

Nosotros, la comunidad que escribimos en esta santa página web, nos consideramos Houdinis porque (como reza nuestro credo) somos escapistas de la rutina. En este caso, la metáfora no puede ser más acertada. Ya que hoy no sólo he escapado de mi rutina sino que me he jugado mi puesto de trabajo, por venir a honrar a nuestro santo patrón y poder rendirle homenaje con este pequeño texto.

Seguro que El Gran Houdini habría estado orgulloso de mi maniobra de escapismo.

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Lo que más me gusta del siglo XXI es que todavía seguimos usando un palo metálico que pone El Siguiente para distinguir nuestra compra de la de los demás en el supermercado.