El tiempo pasa, las cosas cambian, la tecnología avanza a la velocidad de un ferrari sin frenos y es necesario reinventarse una y otra vez para no perderse por el camino. Pero, ¿qué pasa con los métodos de enseñanza? La pizarra y la tiza han sido durante muuucho tiempo las mejores amigas de los profesores, que plasmaban con su caligrafía blanca todo tipo de apuntes y conocimientos. Pero como hemos dicho antes, las cosas cambian y las pizarras “vileda” fueron sustituyendo poco a poco a la tiza.

Más tarde vino el dilema de ¿libro o iPad? y luego el uso de los proyectores en las clases, para poder ver diapositivas, fotos o vídeos en el aula sin necesidad de moverse a la mítica “sala de vídeo” que antes tenía toda escuela, con una televisión de aquellas que hoy sólo puedes ver en los museos. ¿Qué va a ser lo siguiente?

El campus del Instituto de Empresa en Madrid tiene un aula con 48 pantallas que facilitan un tipo de comunicación totalmente innovadora, y todo parece indicar que será la educación del futuro. Se trata de un aula virtual en todos los sentidos, ya que ni el profesor ni los alumnos tienen que estar físicamente en ella. El maestro se proyecta a través de un holograma que interactúa con los alumnos y se mueve por la sala. Los estudiantes pueden atender la lección desde cualquier lugar del mundo, simplemente necesitan un móvil o un ordenador con el que se conectan a la sala por videoconferencia.

La inteligencia artificial se encarga de reconocer las caras de los alumnos, que aparecen en las pantallas, y comprueba su nivel de atención y asistencia. Esto ayuda al profesor, ya que gracias a estos datos sabe qué tipo de contenidos interesan más y qué métodos funcionan mejor a la hora de impartir la clase. Pero ¿qué hay del contacto humano, de la comunicación no verbal que a veces se pierde en una pantalla? Es difícil saber con certeza si estamos mejorando el sistema educativo o dando pasos hacia atrás, pero como toda novedad, necesita ser probada para saber si realmente funciona como se pensaba.

¿Te atreves a ir a clase desde el sofá de tu casa, compartiendo profesor con gente de todas partes del mundo al mismo tiempo?

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Amante de la música y las letras desde que tengo uso de razón, sueño con aprender todos los idiomas del mundo antes de los 30. No hay puzzle que se me resista, y tengo siempre las maletas listas para salir a la aventura. Las dos veces que he estado en África, he querido quedarme.