Tu outfit del pasado Halloween provocó más escenas de pánico que una inspección anticorrupción en la sede de un partido político. Y el mérito fue exclusivamente tuyo, que supiste combinar a la perfección un look de lo más aterrador con una actitud digna de villana de telenovela mexicana. ¿Despertaste tanta admiración que este año temes no estar a la altura de lo que se espera de ti? No sufras, vas a ser asesorado por la mayor experta mundial en el noble arte de provocar miedo. Hablo, efectivamente, de una servidora. ¿Dudas de mis habilidades? Eso es porque no has visto mi cara recién levantada. Así que toma nota, que ya falta muy poco para preguntar eso de “¿truco o trato?” sin que suene a extorsión.

Hazme caso: los clásicos nunca fallan

Nadie logra sembrar el pánico a lo largo de varias generaciones de no ser un auténtico maestro del susto; que se lo digan a Leticia Sabater, capaz de desencadenar estampidas sin pestañear. Esa es la razón por la que disfrazarte de Drácula, el malo de ‘Viernes 13’ o Freddy Krueger será como ligarte a un multimillonario de 90 años: un gran acierto.

Pero si apuestas por la ‘Marca España’ y el terror de kilómetro 0, pintarrajea tu rostro con todos los potingues que encuentres en el tocador, olvídate de las toallitas desmaquilladoras en semanas y, a finales de este mes, tu semblante se habrá convertido en una versión de carne y hueso de una cara de Belmez. El resultado será tan aterrador que ni Iker Jiménez tendrá el valor de acercarse a ti.

En caso de que tengas prole y creas a pies juntillas en que ‘la familia que asusta unida permanece unida’, convoca a los tuyos a una reunión de urgencia y decidid juntos cuál es la mejor manera de provocar infartos entre los vecinos. ¿Que tu mujer y los niños dan menos miedo que enfrentarte a Paquirrín en un concurso de belleza? Llama a tu suegra, que ella sabrá cómo hay que hacer las cosas.

El terror no está reñido con el glamour

De la Meryl Streep de ‘El diablo viste de Prada’ aprendimos una importante lección de vida: se puede asustar sin perder ni un ápice de glamour. Por eso, si buscas un disfraz que te haga sentir tan sexy como temible, hay muchas opciones que harán de ti la mezcla perfecta entre Gisele Bündchen y un dictador norcoreano. Solo tienes que elegir un atuendo que resalte todos tus encantos y añadir al look elementos típicos de la imaginería del terror: un poco de sangre falsa por aquí, un cuchillo (de plástico) atravesando el cráneo por allá, una dentadura ennegrecida por acullá… Eso sí, deberías tener en cuenta tus propias limitaciones.

Ojo, que está muy bien que no tengas complejos, pero si al disfrazarte de Batman te confunden con un cachalote, tal vez sea mejor que barajes otras opciones menos… arriesgadas. Recuerda: quieres dar miedo, no ser el hazmerreír de la velada.

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Sé el más original de la fiesta

Lo de los clásicos es una buena opción, pero tiene el mismo riesgo que vestirse de Zara en una boda: te expones peligrosamente a que otras invitadas hayan pasado por esa boutique “tan exclusiva” y se hayan enamorado de la misma prenda que tú (y lo que es peor: ¡que les siente mejor! ¡Malditas!). Una opción para sortear esta amenaza es mezclar sobre tu cuerpo los elementos más variopintos que encuentres en alguno de los bazares chinos del barrio. Aunque pienses que no tiene ningún tipo de sentido, tú hazlo.

Por ejemplo: combina una imitación barata de la máscara de ‘Scream’ con el siniestro vestuario de Miércoles Addams y un sombrero de bruja de fieltro. ¿Te parece que aún puedes añadir algo más? Completa el look con una algo incómoda camisa de fuerza y unas alas negras. Lo bueno es que será complicado que alguien haya tenido la misma (descabellada) idea que tú. ¿Lo malo? Tanto batiburrillo de conceptos quizá te obligue a pasar la noche respondiendo una y otra vez a la misma pregunta: “¿Y tú? ¿De qué diablos vas disfrazado?

 Halloween también llegará a tu casa

¿Qué pasaría si de repente descubres que el psicópata que protagoniza tu saga favorita de pelis de terror hace cupcakes de colorines, teje bufandas de lana y bebe ponche de huevo? Te lo digo: que por muchos cadáveres destripados que hubiese dejado a su paso te empezaría a parecer hasta cuqui. Y ‘cuqui’, cuando hablamos de dar miedo, es malo. Muy malo. Por eso, si estás pensando en abrir las puertas de tu mansión de 47 metros cuadrados (43 habitables) para dar una fiesta de Halloween, ya puedes ir borrando cualquier rastro de cursilería.

Ve a lo seguro: decora tu casa con las siempre infalibles telarañas, cuelga esqueletos en los lugares más insospechados y reemplaza los ‘pongos’ ganados en cada amigo invisible por calabazas de diabólicas sonrisas. ¿Más ideas? Tunea tus fotos familiares para que tus hijos parezcan seres procedentes de un intercambio estudiantil con el inframundo (de hecho, más de una vez te has preguntado si no es así).

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Cuando acabes de transformar tu morada en un decorado de la Hammer, pasa por la cocina y arremángate para preparar unos deliciosos dedos ensangrentados, un nutritivo puding de vísceras y, para el postre, un sorbete de sesos bien fresquito. Suena repugnante, ¿verdad? ¡De eso se trata!  

Tu outfit del pasado Halloween provocó más escenas de pánico que una inspección anticorrupción en la sede de un partido político. Y el mérito fue exclusivamente tuyo, que supiste combinar a la perfección un look de lo más aterrador con una actitud digna de villana de telenovela mexicana. ¿Despertaste tanta admiración que este año temes no estar a la altura de lo que se espera de ti? No sufras, vas a ser asesorado por la mayor experta mundial en el noble arte de provocar miedo. Hablo, efectivamente, de una servidora. ¿Dudas de mis habilidades? Eso es porque no has visto mi cara recién levantada. Así que toma nota, que ya falta muy poco para preguntar eso de “¿truco o trato?” sin que suene a extorsión.

Hazme caso: los clásicos nunca fallan

Nadie logra sembrar el pánico a lo largo de varias generaciones de no ser un auténtico maestro del susto; que se lo digan a Leticia Sabater, capaz de desencadenar estampidas sin pestañear. Esa es la razón por la que disfrazarte de Drácula, el malo de ‘Viernes 13’ o Freddy Krueger será como ligarte a un multimillonario de 90 años: un gran acierto.

Pero si apuestas por la ‘Marca España’ y el terror de kilómetro 0, pintarrajea tu rostro con todos los potingues que encuentres en el tocador, olvídate de las toallitas desmaquilladoras en semanas y, a finales de este mes, tu semblante se habrá convertido en una versión de carne y hueso de una cara de Belmez. El resultado será tan aterrador que ni Iker Jiménez tendrá el valor de acercarse a ti.

En caso de que tengas prole y creas a pies juntillas en que ‘la familia que asusta unida permanece unida’, convoca a los tuyos a una reunión de urgencia y decidid juntos cuál es la mejor manera de provocar infartos entre los vecinos. ¿Que tu mujer y los niños dan menos miedo que enfrentarte a Paquirrín en un concurso de belleza? Llama a tu suegra, que ella sabrá cómo hay que hacer las cosas.

El terror no está reñido con el glamour

De la Meryl Streep de ‘El diablo viste de Prada’ aprendimos una importante lección de vida: se puede asustar sin perder ni un ápice de glamour. Por eso, si buscas un disfraz que te haga sentir tan sexy como temible, hay muchas opciones que harán de ti la mezcla perfecta entre Gisele Bündchen y un dictador norcoreano. Solo tienes que elegir un atuendo que resalte todos tus encantos y añadir al look elementos típicos de la imaginería del terror: un poco de sangre falsa por aquí, un cuchillo (de plástico) atravesando el cráneo por allá, una dentadura ennegrecida por acullá… Eso sí, deberías tener en cuenta tus propias limitaciones.

Ojo, que está muy bien que no tengas complejos, pero si al disfrazarte de Batman te confunden con un cachalote, tal vez sea mejor que barajes otras opciones menos… arriesgadas. Recuerda: quieres dar miedo, no ser el hazmerreír de la velada.

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Sé el más original de la fiesta

Lo de los clásicos es una buena opción, pero tiene el mismo riesgo que vestirse de Zara en una boda: te expones peligrosamente a que otras invitadas hayan pasado por esa boutique “tan exclusiva” y se hayan enamorado de la misma prenda que tú (y lo que es peor: ¡que les siente mejor! ¡Malditas!). Una opción para sortear esta amenaza es mezclar sobre tu cuerpo los elementos más variopintos que encuentres en alguno de los bazares chinos del barrio. Aunque pienses que no tiene ningún tipo de sentido, tú hazlo.

Por ejemplo: combina una imitación barata de la máscara de ‘Scream’ con el siniestro vestuario de Miércoles Addams y un sombrero de bruja de fieltro. ¿Te parece que aún puedes añadir algo más? Completa el look con una algo incómoda camisa de fuerza y unas alas negras. Lo bueno es que será complicado que alguien haya tenido la misma (descabellada) idea que tú. ¿Lo malo? Tanto batiburrillo de conceptos quizá te obligue a pasar la noche respondiendo una y otra vez a la misma pregunta: “¿Y tú? ¿De qué diablos vas disfrazado?

 Halloween también llegará a tu casa

¿Qué pasaría si de repente descubres que el psicópata que protagoniza tu saga favorita de pelis de terror hace cupcakes de colorines, teje bufandas de lana y bebe ponche de huevo? Te lo digo: que por muchos cadáveres destripados que hubiese dejado a su paso te empezaría a parecer hasta cuqui. Y ‘cuqui’, cuando hablamos de dar miedo, es malo. Muy malo. Por eso, si estás pensando en abrir las puertas de tu mansión de 47 metros cuadrados (43 habitables) para dar una fiesta de Halloween, ya puedes ir borrando cualquier rastro de cursilería.

Ve a lo seguro: decora tu casa con las siempre infalibles telarañas, cuelga esqueletos en los lugares más insospechados y reemplaza los ‘pongos’ ganados en cada amigo invisible por calabazas de diabólicas sonrisas. ¿Más ideas? Tunea tus fotos familiares para que tus hijos parezcan seres procedentes de un intercambio estudiantil con el inframundo (de hecho, más de una vez te has preguntado si no es así).

Una publicación compartida de @rachaelbowmanphotography el


Cuando acabes de transformar tu morada en un decorado de la Hammer, pasa por la cocina y arremángate para preparar unos deliciosos dedos ensangrentados, un nutritivo puding de vísceras y, para el postre, un sorbete de sesos bien fresquito. Suena repugnante, ¿verdad? ¡De eso se trata!  

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Lo primero que hago al llegar a la playa es buscar el punto más elevado al que huir en caso de tsunami. Soy así de previsora. Cuando no estoy buscando salidas de emergencia o comprando conservas para llenar la despensa del búnker, voy al cine, leo, duermo y finjo ser normal.