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Guía para disfrutar de San Fermín como un auténtico pamplonica (o casi)

Uno de enero, dos de febrero, tres de marzo... Bueno, no nos alarguemos. ¡Ya está aquí San Fermín! La fiesta grande por excelencia, ya no solo de Pamplona, sino del mundo entero. Encierros, chupinazos y una explosión de diversión y hermandad nunca vistas. Pero, ¿qué necesitamos saber para lanzarnos a las calles como un auténtico pamplonica? Menos mal que aquí estamos los houdinis para echaros una mano. Preparad el pañuelo rojo que la cosa está que arde.

Reconozcámoslo. San Fermín no es una fiesta cualquiera. Nueve días con sus nueves noches en los que la capital navarra se convierte en el centro del mundo. Millones de visitantes venidos de todos los puntos de planeta, centenares de periodistas acreditados y una tradición, la de los encierros, que se ha convertido en todo un símbolo. Por allí han pasado desde Los Simpson hasta Ernest Hemingway -que se encargó de inmortalizarla en su novela Fiesta-. ¿No sentís la emoción de flor de piel? Madre mía, pelos como escarpias…

Pero adentrarse en el meollo sanferminero no es tan sencillo como parece. Lo que nos ofrece Pamplona durante estos días es mucho más que toros y encierros, mucho más que noches eternas y uniformes blancos, ¡mucho más! Actividades para toda la familia, placeres gastronómicos, conciertos y verbenas y, como no, tradiciones que se remontan desde la Edad Media. Pamplona es una fiesta, como diría el Premio Nobel, y nosotros no queremos perdérnosla, así que hemos elaboradora una guía para no dejar nada, pero nada, por rascar. ¡Allá vamos!

¡Viva San Fermín, Gora San Fermín!

El Chupinazo es, además del pistoletazo de salida de los sanfermines, todo un acontecimiento. ¿Quién no se ha quedado pegado al televisor esperando el momento? Pues vivirlo en la misma plaza del Ayuntamiento es ya una experiencia extrasensorial -¡nos estamos viniendo muy arriba!-. En cuanto explota el Chupinazo, toca anudarse el pañuelo al cuello y disponerse a vivir nueve días de actividad desenfrenada, muchas risas y mucha diversión. Ah, para los que no son tan madrugadores y no encuentran sitio en la plaza, también puede verse a través de pantallas situadas por toda la ciudad.

Madre mía, ¿pero cuántos encierros hay?

Es la imagen que todos tenemos de San Fermín. Los encierros son el centro de la fiesta, el reclamo que atrae a miles de turistas fascinados por esta tradición. Comienzan, claro, el día 7 y se extienden durante todas las fiestas. Los toros recorriendo la famosa calle Estafeta, los corredores arriesgando su vida y todo ante la mirada de millones de personas. Eso sí, nada de aventurarse sin seguir las estrictas normas que, cada año, consiguen que la fiesta no termine en desgracia. Mejor verlo todo desde la barrera, que no hemos venido aquí a jugárnosla, ni jugársela a nadie. 

Un poco de música amansa a las fieras

Cualquiera que haya pisado Pamplona en San Fermín sabe que las Peñas son el alma de la fiesta. ¡Las hay hasta de suecos y noruegos! Si queremos disfrutar del verdadero ambiente sanferminero -y marcarnos unos bailes con sus txarangas-, más vale que no les quitemos el ojo de encima. Pero también tenemos una variada oferta de conciertos por la noche, DJs, músicas del mundo, jazz y casi lo que nos apetezca. Y, como no, ¡las verbenas! Un clásico que no puede faltar en toda fiesta popular que se precie.

¿Madrugar? Solo si es para las Dianas

Bueno, quién dice madrugar, dice trasnochar hasta la madrugada. Antes de tocar las 7 de la mañana, la banda de música municipal arranca su Diana por el Casco Viejo, dispuesta a amenizar el despertar de los vecinos a ritmo de canciones. Una excusa perfecta para que todos aquellos que todavía tienen ganas de marcha tras toda la noche en la calle se marquen los últimos bailes antes de retirarse a la cama. Pero, ojo, que también se unen a la comitiva los más madrugadores de la ciudad. Total, ¿quién va a perder el tiempo durmiendo cuando puede estar disfrutando de los Sanfermines?

Reponer fuerzas es necesario

Ir a Pamplona y no deleitarse con su gastronomía debería ser pecado. Tanto desgaste de energías necesita su momento de reposo y alimento y nada como una ruta de pintxos para reponer fuerzas. El poteo, que es como se llama en Navarra, se centra en la Plaza del Castillo, y las calles San Nicolás, San Antón, Zapatería y, cómo no, la famosa calle Estafeta. Productos de primera, una variedad enorme y algunos de los restaurantes con más fama de la región. Cerramos los ojos y ya nos parece oler ese delicioso aroma de la auténtica chistorra navarra. ¡Qué hambre!

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Los niños también viven San Fermín

Son toda una atracción para los más pequeños -aunque a más de uno también le aterrorizan-. Se trata de las comparsas de gigantes y cabezudos, una tradición muy popular de San Fermín. Cuatro parejas de gigantes de cuatro metros de alto que van acompañadas de cinco cabezudos y seis ‘kilikis’. ¿Y quiénes son estos? Pues unos cabezudos con muy malas pulgas que se dedican a aporrar a los niños que se encuentran. Así se las gastan en Pamplona. Además de salir todos los días por las calles de la ciudad, acompañan durante la mayoría de los actos oficiales.

Ay, qué esto se acaba… ¡Pobre de mí!

Y aunque parece imposible después de tantos días, todo toca a su fin. ¡Incluso San Fermín! A las doce de la noche del día 14, en la misma plaza donde nueve días antes ha sonado el Chupinazo, toca decirle adiós a la fiesta. Es, claro, el ‘Pobre de mí’, el punto final de los Sanfermines. Entonando la célebre canción, con el pañuelo en las manos y una vela, todos los valientes, tanto autóctonos como turistas, se despiden de las fiestas y quedan emplazados para el próximo Chupinazo. Porque ya lo dijo Hemingway, la fiesta grande de Pamplona engancha. ¡Nada de perdérsela!

Uno de los chinos japoneses que inventó la confusión

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