Hay tres señales inequívocas de que la Navidad ya está aquí -si es que alguien no se había dado cuenta-. Las televisiones comienzan a emitir anuncios de turrones, las calles se iluminan con preciosas combinaciones epilépticas de colores -¡pero si son las mismas que el año pasado!- y sí, hay cola para todo. No importa lo que queramos hacer, sabemos de antemano que estará lleno. Una conga interminable de personas que pasa por la panadería, el supermercado, la tienda de regalos o ese sitio tan estupendo para tomarse un reconfortante chocolate con churros. ¡Ya no se puede ni merendar tranquilo!

Horas a la intemperie para hacerse con un décimo de Doña Manolita, media tarde perdida para admirar el belén más grande del mundo o turnos en las plazas mayores de los pueblos para pasar por debajo del árbol. Todo vale con tal de lanzarse a la calle. ‘Llevo tantas horas aquí que ya he olvidado a lo que venía, ¿os lo podéis creer?’. ¡Por supuesto! El síndrome de la cola perpetua afecta cada vez a más gente. El que aquí escribe salió un día a por papel de regalo y acabó volviendo a casa con tres roscones, siete flores de pascua y una solicitud de empadronamiento. Pero eso es otro tema.

Por suerte, a lo largo de los años hemos desarrollado un serie de técnicas depuradas para evitar todo tipo de aglomeraciones. Unos sencillos trucos que nos ahorrarán tiempo, disgustos y un buen puñado de resfriados. ¿Preparados?

El juego del despiste

No es la forma más ética, pero sí la más efectiva. La ventaja de las aglomeraciones es que resulta muy difícil memorizar las caras de la gente. ¡Hay tantas! Pues nada como despistar a los pobres transeúntes para colarse cuando nadie se dé cuenta. Ojo, es una actividad de riesgo. Como se percaten del asunto, nos declararán persona ‘non grata’ en la cola y nos tocará volver otro día. Pero si funciona, ¡ay!, si funciona conseguiremos lo que queremos en un tiempo récord.

¡Aprovecha los disfraces!

Hay una costumbre muy arraigada en el centro de Madrid que todavía no se ha exportado al resto de capitales y ciudades del país, pero que presentimos que no tardará mucho. Se trata de los disfraces y pelucas. La gente acude a pasear con su correspondiente atuendo navideño sobre la cabeza. ¡Pues aprovechémoslo! ¿Quién no dejaría pasar a un adorable Pikachu o a una divertida Peppa Pig? Con un buen disfraz no habrá quién nos pare.

Aprende geografía

A veces terminamos en mitad de una aglomeración por puro despiste. Salimos de casa, vamos mirando el móvil, respondemos unos WhatsApp y ¡boom! Un atasco humano nos impide el paso. ¿Qué hacer? Pues lo que se ha hecho toda la vida: ve por calles que no sean tan principales. Todos sabemos dónde estará el mogollón y cómo evitarlo, pero nos puede la pereza. ¿Cuántas posibilidades hay de que necesites ir justo a esa tienda que está en esa calle? Si no es así, date la vuelta y verás cuánto espacio libre encuentras.

Créditos: License CC0

Cuando todo falla: madruga

Aunque parezca mentira, no hay aglomeraciones durante todo el día. ¡Quién lo iba a decir! Si en lugar de pretender ir al centro a las 7 de la tarde, lo cambiamos por las 10 de la mañana -que eso no es madrugar ni nada-, nos encontraremos el camino mucho más despejado. ¡Incluso en fin de semana! Todo pasa por organizarse mejor, salir de la cama un poquito antes, quitarse las legañas y lanzarse a la calle. Podremos cumplir todos nuestros objetivos y todavía nos sobrará para tomarse un café, un vermut o lo que nos apetezca.

Si con estos cuatro trucos, todavía nos atrapan las aglomeraciones, es que lo nuestro ya no tiene remedio. A ver si, al final, va a resultar que nos gusta esto de estar atascado…

Hay tres señales inequívocas de que la Navidad ya está aquí -si es que alguien no se había dado cuenta-. Las televisiones comienzan a emitir anuncios de turrones, las calles se iluminan con preciosas combinaciones epilépticas de colores -¡pero si son las mismas que el año pasado!- y sí, hay cola para todo. No importa lo que queramos hacer, sabemos de antemano que estará lleno. Una conga interminable de personas que pasa por la panadería, el supermercado, la tienda de regalos o ese sitio tan estupendo para tomarse un reconfortante chocolate con churros. ¡Ya no se puede ni merendar tranquilo!

Horas a la intemperie para hacerse con un décimo de Doña Manolita, media tarde perdida para admirar el belén más grande del mundo o turnos en las plazas mayores de los pueblos para pasar por debajo del árbol. Todo vale con tal de lanzarse a la calle. ‘Llevo tantas horas aquí que ya he olvidado a lo que venía, ¿os lo podéis creer?’. ¡Por supuesto! El síndrome de la cola perpetua afecta cada vez a más gente. El que aquí escribe salió un día a por papel de regalo y acabó volviendo a casa con tres roscones, siete flores de pascua y una solicitud de empadronamiento. Pero eso es otro tema.

Por suerte, a lo largo de los años hemos desarrollado un serie de técnicas depuradas para evitar todo tipo de aglomeraciones. Unos sencillos trucos que nos ahorrarán tiempo, disgustos y un buen puñado de resfriados. ¿Preparados?

El juego del despiste

No es la forma más ética, pero sí la más efectiva. La ventaja de las aglomeraciones es que resulta muy difícil memorizar las caras de la gente. ¡Hay tantas! Pues nada como despistar a los pobres transeúntes para colarse cuando nadie se dé cuenta. Ojo, es una actividad de riesgo. Como se percaten del asunto, nos declararán persona ‘non grata’ en la cola y nos tocará volver otro día. Pero si funciona, ¡ay!, si funciona conseguiremos lo que queremos en un tiempo récord.

¡Aprovecha los disfraces!

Hay una costumbre muy arraigada en el centro de Madrid que todavía no se ha exportado al resto de capitales y ciudades del país, pero que presentimos que no tardará mucho. Se trata de los disfraces y pelucas. La gente acude a pasear con su correspondiente atuendo navideño sobre la cabeza. ¡Pues aprovechémoslo! ¿Quién no dejaría pasar a un adorable Pikachu o a una divertida Peppa Pig? Con un buen disfraz no habrá quién nos pare.

Aprende geografía

A veces terminamos en mitad de una aglomeración por puro despiste. Salimos de casa, vamos mirando el móvil, respondemos unos WhatsApp y ¡boom! Un atasco humano nos impide el paso. ¿Qué hacer? Pues lo que se ha hecho toda la vida: ve por calles que no sean tan principales. Todos sabemos dónde estará el mogollón y cómo evitarlo, pero nos puede la pereza. ¿Cuántas posibilidades hay de que necesites ir justo a esa tienda que está en esa calle? Si no es así, date la vuelta y verás cuánto espacio libre encuentras.

Créditos: License CC0

Cuando todo falla: madruga

Aunque parezca mentira, no hay aglomeraciones durante todo el día. ¡Quién lo iba a decir! Si en lugar de pretender ir al centro a las 7 de la tarde, lo cambiamos por las 10 de la mañana -que eso no es madrugar ni nada-, nos encontraremos el camino mucho más despejado. ¡Incluso en fin de semana! Todo pasa por organizarse mejor, salir de la cama un poquito antes, quitarse las legañas y lanzarse a la calle. Podremos cumplir todos nuestros objetivos y todavía nos sobrará para tomarse un café, un vermut o lo que nos apetezca.

Si con estos cuatro trucos, todavía nos atrapan las aglomeraciones, es que lo nuestro ya no tiene remedio. A ver si, al final, va a resultar que nos gusta esto de estar atascado…

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Bloguer con solera. Profesional de la palabra. Vedette del freelancismo. Inventor de la confusión. Me gano la vida escribiendo y gestionando mi imperio. Es duro, pero merece la pena.