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Gijón para principiantes: cinco planazos para para hacerse pasar por asturiano

Asturias está de moda. ¡Más que nunca! Todo el mundo habla maravillas de sus ciudades, de sus monumentos, del carácter asturiano y, claro, de su gastronomía. Hasta máquinas expendedoras de cachopos se han inventado. ¿Cómo es esto posible? ¿De dónde sale tanta pasión? Como buenos houdinis, nos hemos propuesto averiguarlo. Y como no es lo mismo verlo que vivirlo, ¡vamos a pasar 21 días en Gijón! Bueno, tampoco nos vengamos arriba. Será un fin de semana pero pensamos disfrutarlo como autóctonos del terreno. ¡Allá vamos!

‘Nada como Gijón para combinar arte, cultura, deporte y gastronomía’. ¿Cuántas veces nos lo han repetido a lo largo de la vida? ¡Muchas! Los festivales, el cine, las exposiciones, la comida, el clima, ¡todo lo bueno parece que está en Gijón! ‘¿No exageras un poco? ¡Mira que dejo de hablarte!’. Puede que sea la morriña por la tierra o el fervor de lo familiar, pero ¿y si tienen razón? ¿Y si no hay nada mejor que residir en Gijón? Para comprobarlo, nos hemos organizado una hoja de ruta dividida en cinco planazos de lo más autóctono. Si de esta no salimos convertidos en asturianos de pro, ya no sabemos qué más vamos a tener que hacer… Tomad nota, que empieza el espectáculo.

Primer paso: Viste y actúa como un asturiano

Sí, a veces en Asturias llueve. La mayoría del tiempo es orbayu y casi ni se nota, pero para cualquiera venido de las cálidas tierras de levante -¡servidor!-, eso es lluvia. ‘¡Pero si esto ni cala ni nada!’. Para camuflarnos entre los transeúntes, nada como calzarnos un buen abrigo, un paraguas y lanzarnos a la calle. El centro histórico de Gijón, llamado barrio de Cimavilla, es acogedor y muy accesible para pasear. En un periquete nos plantamos desde el famoso Instituto de Jovellanos hasta la no menos famosa estatua de Chillida. El ‘Elogio del horizonte’ se ha convertido en uno de los signos más visibles de la ciudad. En media hora ya nos hemos olvidado del paraguas y del abrigo. ¡Qué bien se está aquí! Un paseo por las playas, un café en alguno de sus locales y si el tiempo -y la economía- lo permiten, una tarde de compras, ¡que eso le alegra la vida a cualquiera!

Segundo paso: ¿Por qué todo el mundo hace surf?

Cuando ya nos habíamos acostumbrado a lo de pasear relajadamente -¡qué preciosidad detenerse ante el Palacio de Revillagigedo o dejarse seducir por la Colegiata de San Juan Bautista!-, nos damos cuenta de que en Asturias se pasan el día haciendo deporte. Pero mucho. Y de lo más aventurero. Millones de fans de surf acuden a Gijón para volar -casi literalmente- sobre sus olas. ¡Cómo son los asturianos! No pueden contentarse con el ‘running’, no… Nos calzamos el traje de neopreno, acudimos a una de las muchas escuelas náuticas de la ciudad y contratamos una clase de surf para principiantes. ¡Lo que tiene que hacer un houdini para mantener el estatus! Esto viene con un diploma de hijo predilecto, ¿no?

Menos mal que, para los no tan aguerridos, Gijón ofrece numerosas opciones de turismo activo y aventurero. Desde rutas en bicicleta para los menos valientes hasta descensos en canoa para los que creen que Indiana Jones debería haber nacido en Asturias. También podemos organizar una bonita excursión en globo aerostático -o parapente- para admirar la combinación de mar y montaña que ofrece la ciudad. ¡Hay tanto que hacer y tan poco tiempo! Tendríamos que haber optado por lo de los veintiún días…

Tercer paso: La sidra no se va a escanciar sola…

El temor de todo visitante al llegar a Asturias es que le pasen una botella de sidra, un vaso y tenga que ponerse a escanciar como si no hubiese un mañana. ¡Ahí es donde descubrirán si somos autóctonos o impostores! Pero, tranquilos, que un houdini siempre tiene un as en la manga. En cualquier bar, restaurante, tasca, lo que sea, siempre hay alguien dispuesto a lucir su arte escanciador y demostrarnos que lo suyo viene de nacimiento. ¡Pues aprovechémonos de él! Y si no, los camareros nos echarán una mano encantados. La sidra, eso sí, se bebe de golpe -nada de saborearla- y el vaso se comparte. Dos sencillos trucos que nos garantizarán el cariño de todos los lugareños. ¡Ojo cuidado con pedir cerveza en los sitios más tradicionales! ¿No queremos ser asturianos? ¡Pues sidra!

Cuarto paso: Los mejores festivales están en Gijón. Y punto.

Pocas ciudades desprenden un aroma tan cultural como Gijón. Exposiciones, conciertos -¡aquí nació el Xixón Sound!-, charlas, obras de teatro, la oferta es prácticamente infinita. Una excusa estupenda para ilustrarnos y, de paso, descansar los pies después de tanta vuelta y tanto deporte de riesgo. Entre todos, destaca, claro, el Festival Internacional de Cine. Una cita ineludible para los amantes del séptimo arte -¡y también para los que quieren hacerse selfies con todos los famosos!-. Hacer coincidir nuestra escapada con las fechas del festival es una opción estupenda para sorprender a nuestros acompañantes. Eso sí, hay que reservar con tiempo que la ocupación se pone por las nubes.

Quinto paso: Reponer fuerzas es un mandamiento divino

Hay una cosa que no podemos dejar de hacer si queremos sentirnos como auténticos asturianos: comer. Perdón, comer bien. ¡Vaya gastronomía! El plato estrella de la tierra, el cachopo, ha alcanzado una fama casi estratosférica en los últimos años. No queda capital que se precie que no tenga su propio restaurante especializado en cachopo. No es para menos, claro. ¡Qué sabor! ¡Qué rebozado! ¡Qué tamaño! ‘Esto es para dos, ¿no?’. Pero la gastronomía asturiana va mucho más allá. La fabada es esencial, igual que el delicioso pastel de cabracho -estamos salivando, ¿vale?- o el marisco, los escalopines, el chorizo a la sidra… y los dulces, ¡los dulces! Nada de asustarse ante el apetito de los asturianos. Es la única forma de reponerse de la frenética actividad de su día a día. Además, ¿quién puede resistirse a esos manjares? ¡Mamá, quiero ser asturiano!

Uno de los chinos japoneses que inventó la confusión

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