14 de febrero. 20:59. Barcelona. Palau Sant Jordi. Sector 207. Fila 21. Butaca 12. Al fin.

[redbox text=”Ahí estaba yo, apoltronada en mi asiento y mirándola ojiplática. Yo, doña indie, estaba ahí a punto de ver a Eros Ramazzoti. Ejem. Digamos que mis expectativas rozaban el suelo.” position=”right”]

Ahí estaba yo, con mi hermana a la izquierda, sentada en el borde del asiento y con los ojos superabiertos, con sus 17 años recién cumplidos pese a tener 52. Ahí estaba yo, apoltronada en mi asiento y mirándola ojiplática. Yo, doña indie, estaba ahí a punto de ver a Eros Ramazzoti. Ejem. Digamos que mis expectativas rozaban el suelo.

Con puntualidad suiza y británica juntas, a las 21:00 se bajan las luces del Palau y un juego de sombras creado con la iluminación y un juego de telones semitranslúcidos que formaban parte de la escenografía, empezó a dejar entrever la silueta de este italiano que también tiene 52.

El telón fue subiendo, arrancó la música, la luz invadió el escenario y una voz nasal que rebosaba energía empezó a llenar el Palau junto con los gritos ensordecedores descaradamente femeninos del público que prácticamente llenaba el recinto (¿A que casi podéis oírlo?). :-)

Era él. Era Eros. Eso creo. Porque yo veía una silueta negra no identificada que iba de un lado a otro del escenario

Bueno sí, era él, porque su voz es totalmente inconfundible y porque era el único que sabía italiano en la sala: cuando cantaba en italiano, especialmente los temas de su último trabajo “Perfetto”, los coros del público se convertían en “¡guapo!”, “bravo”, “eros”, “ni-no-na”; pero cuando cantaba en castellano, la sincronía Eros / Público era de precisión quirúrgica, daba hasta cosica. Y sí, sorprendentemente, yo también grité “ni-no-na”.

No era yo la única que intuía más que veía a Eros. Y eso despertó en el público un momento glorioso. Hasta la tercera o cuarta canción, la pantalla gigante que estaba detrás del escenario no empezó a retransmitir el concierto. Hasta ese momento había proyectado animaciones y vídeos que acompañaban a los temas que una pequeña criatura interpretaba acompañado de otros seres pequeñitos con los que compartía escenario. Cuando TODOS vimos a Eros moviéndose y pareciendo ahora un gigante, el concierto empezó de nuevo y el éxtasis también. Desde ese momento, la audiencia aprovechaba cualquier instante entre canciones para gritar “la pantalla, la pantalla, la pantalla” sincronizando cada sílaba con una palmada y no permitiendo ningún momento en negro de aquel rectángulo que nos acercaba al ídolo. Queríamos escuchar a Eros, pero, también queríamos VER a Eros. Sí, yo también, aún no me lo explico.

Y le escuchamos. Y le vimos. Durante dos horas

Vimos cómo cogía el micro dejando el meñique por debajo del artilugio. Vimos cómo no paró de moverse y mantener a la audiencia arriba. Le escuchamos decir “Forca Barca”, “Te quiero” y “Barselona” de forma random. Le vimos cantar con su característico casi retorcimiento corporal mientras se tocaba la oreja con la mano que el micro le dejaba libre. Le vimos tocar la guitarra y el piano. Le escuchamos cantar poderoso (¿he escrito poderoso?) con su banda, en duetos con las chicas que le acompañaban a las voces, y acompañándose él mismo al piano o a la guitarra. Le vimos bromear con algunos de los miembros de su banda, uno de ellos el vivo reflejo de Joaquín Luqui. Le vimos lanzarse al público que cubrió de manos su negra y sobria a la par que juvenil indumentaria. Le escuchamos cantar clásicos que allí se convirtieron en himnos: Música es, Una historia importante, Cosas de la vida, Ahora tú, La aurora, La cosa más bella, Nada sin ti, Otra como tú. Vaya, que le vimos de nuevo en una pegatina de la Superpop, pegado en nuestra carpeta al lado de las pegatinas de “V” y de Rick Astley que regalaban en TeleIndiscreta.

Vi a mi hermana de pie. La escuché gritar. Me partí de risa y de tenderness

Me vi de pie. Grabando vídeos que no puedo enseñar a nadie porque se me oye más a mí cantar que a Eros. Y eso no es demasiado agradable. Me vi sabiéndome muchas más canciones de las que esperaba saberme (algo que negaré ante cualquier abogado). Me vi cantándolas. Me vi-ne arriba. Y a Eros le bastaron un par de canciones para lograrlo.

Me gustó el concierto de Eros, vale. Ya lo he dicho. Qué descanso. Pero, claro, ¿esto qué significa? ¿Qué será lo siguiente? ¿Que se me pongan los pelos como escarpias viendo a Sergio Dalma en directo?

Voy a ponerme a mi Morrissey.

Un vídeo publicado por @maritrini el

14 de febrero. 20:59. Barcelona. Palau Sant Jordi. Sector 207. Fila 21. Butaca 12. Al fin.

[redbox text=”Ahí estaba yo, apoltronada en mi asiento y mirándola ojiplática. Yo, doña indie, estaba ahí a punto de ver a Eros Ramazzoti. Ejem. Digamos que mis expectativas rozaban el suelo.” position=”right”]

Ahí estaba yo, con mi hermana a la izquierda, sentada en el borde del asiento y con los ojos superabiertos, con sus 17 años recién cumplidos pese a tener 52. Ahí estaba yo, apoltronada en mi asiento y mirándola ojiplática. Yo, doña indie, estaba ahí a punto de ver a Eros Ramazzoti. Ejem. Digamos que mis expectativas rozaban el suelo.

Con puntualidad suiza y británica juntas, a las 21:00 se bajan las luces del Palau y un juego de sombras creado con la iluminación y un juego de telones semitranslúcidos que formaban parte de la escenografía, empezó a dejar entrever la silueta de este italiano que también tiene 52.

El telón fue subiendo, arrancó la música, la luz invadió el escenario y una voz nasal que rebosaba energía empezó a llenar el Palau junto con los gritos ensordecedores descaradamente femeninos del público que prácticamente llenaba el recinto (¿A que casi podéis oírlo?). :-)

Era él. Era Eros. Eso creo. Porque yo veía una silueta negra no identificada que iba de un lado a otro del escenario

Bueno sí, era él, porque su voz es totalmente inconfundible y porque era el único que sabía italiano en la sala: cuando cantaba en italiano, especialmente los temas de su último trabajo “Perfetto”, los coros del público se convertían en “¡guapo!”, “bravo”, “eros”, “ni-no-na”; pero cuando cantaba en castellano, la sincronía Eros / Público era de precisión quirúrgica, daba hasta cosica. Y sí, sorprendentemente, yo también grité “ni-no-na”.

No era yo la única que intuía más que veía a Eros. Y eso despertó en el público un momento glorioso. Hasta la tercera o cuarta canción, la pantalla gigante que estaba detrás del escenario no empezó a retransmitir el concierto. Hasta ese momento había proyectado animaciones y vídeos que acompañaban a los temas que una pequeña criatura interpretaba acompañado de otros seres pequeñitos con los que compartía escenario. Cuando TODOS vimos a Eros moviéndose y pareciendo ahora un gigante, el concierto empezó de nuevo y el éxtasis también. Desde ese momento, la audiencia aprovechaba cualquier instante entre canciones para gritar “la pantalla, la pantalla, la pantalla” sincronizando cada sílaba con una palmada y no permitiendo ningún momento en negro de aquel rectángulo que nos acercaba al ídolo. Queríamos escuchar a Eros, pero, también queríamos VER a Eros. Sí, yo también, aún no me lo explico.

Y le escuchamos. Y le vimos. Durante dos horas

Vimos cómo cogía el micro dejando el meñique por debajo del artilugio. Vimos cómo no paró de moverse y mantener a la audiencia arriba. Le escuchamos decir “Forca Barca”, “Te quiero” y “Barselona” de forma random. Le vimos cantar con su característico casi retorcimiento corporal mientras se tocaba la oreja con la mano que el micro le dejaba libre. Le vimos tocar la guitarra y el piano. Le escuchamos cantar poderoso (¿he escrito poderoso?) con su banda, en duetos con las chicas que le acompañaban a las voces, y acompañándose él mismo al piano o a la guitarra. Le vimos bromear con algunos de los miembros de su banda, uno de ellos el vivo reflejo de Joaquín Luqui. Le vimos lanzarse al público que cubrió de manos su negra y sobria a la par que juvenil indumentaria. Le escuchamos cantar clásicos que allí se convirtieron en himnos: Música es, Una historia importante, Cosas de la vida, Ahora tú, La aurora, La cosa más bella, Nada sin ti, Otra como tú. Vaya, que le vimos de nuevo en una pegatina de la Superpop, pegado en nuestra carpeta al lado de las pegatinas de “V” y de Rick Astley que regalaban en TeleIndiscreta.

Vi a mi hermana de pie. La escuché gritar. Me partí de risa y de tenderness

Me vi de pie. Grabando vídeos que no puedo enseñar a nadie porque se me oye más a mí cantar que a Eros. Y eso no es demasiado agradable. Me vi sabiéndome muchas más canciones de las que esperaba saberme (algo que negaré ante cualquier abogado). Me vi cantándolas. Me vi-ne arriba. Y a Eros le bastaron un par de canciones para lograrlo.

Me gustó el concierto de Eros, vale. Ya lo he dicho. Qué descanso. Pero, claro, ¿esto qué significa? ¿Qué será lo siguiente? ¿Que se me pongan los pelos como escarpias viendo a Sergio Dalma en directo?

Voy a ponerme a mi Morrissey.

Un vídeo publicado por @maritrini el

mm
Nivel medio-alto de inglés. Permiso de conducir B1. Miopía. Y muchas cosas más.