Durante años viviste pendiente del teléfono, convencido de que los servicios de inteligencia de algún país lejano acabarían brindándote la oportunidad laboral que tanto ansiabas, esa que iba a hacer de ti un tipo con una vida tan trepidante como la de cualquier héroe de acción. Pero las únicas llamadas que recibiste fueron las de los teleoperadores de turno y, a día de hoy, lo más emocionante que te ha pasado trabajando fue descubrir demasiado tarde que no quedaba papel de váter.

Y si ya hace tiempo que asumiste (no sin resignación) que tu vida laboral iba a ser menos estimulante que enfrentarte a un tronista en una partida de ajedrez, lo que bajo ningún concepto estás dispuesto a permitir es que el tedio y la monotonía se adueñen también de tu tiempo libre. Para impedirlo, hoy te traigo algunas propuestas que harán que salgas de la oficina con una alegría solo comparable a saber que Brad Pitt te espera para cenar.

¿A qué estás esperando para conocer las Paint Nites?

Tienes tanta imaginación que solo tú eres capaz de hacer que un dinosaurio con muy malas pulgas, un terremoto de gran magnitud y un peligroso hombre lobo sean los coprotagonistas de la misma excusa. El problema es que tu ingenio, consciente del riesgo que corre de atreverse a aparecer sin haber sido invitado, permanece agazapado en algún rincón de tu cerebro durante las ocho horas que vives entregado en cuerpo y alma a tu trabajo. Pero no te resignes, hay vida más allá de la oficina.

Un buen lugar en el que dar rienda suelta a tu lado más creativo será el Palau Moja de Barcelona, un espacio que abre sus puertas para que pases una agradable velada pintando y conociendo a gente nueva. En estos talleres, que reciben el nombre de Paint Nites, poco importará que seas de las pocas personas en el mundo incapaces de hacer un retrato con un seis y un cuatro; lo único que necesitas para disfrutar de una actividad que nació en Nueva York y que ya ha triunfado en más de 3.500 locales de todo el mundo es tener ganas de plasmar en el lienzo tu mundo interior. Y luego, si acaso, le llevas tu dibujito al psicólogo, a ver qué opina.

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El encargado de hacer que aprendas a mover los pinceles con más destreza que Locomía sus abanicos será el artista Jorge Cepeda, profesor de escultura de la Universidad de Barcelona. Si sus consejos no son suficientes para desentumecer tus dedos, la copita de vino que incluye la entrada seguro que te ayudará a estar más suelto. Eso sí, no se te ocurra abusar, que alcohol y pintura puede ser una combinación realmente peligrosa.

Una tarde en el museo

Es imposible que no te guste ir de museos. No, no pongas esa cara. Lo es. Si no te lo crees, piensa en algo que te apasione (preferiblemente que sea legal) y escribe en Google la palabra que lo defina seguida del texto “museo”. Por muy raro que sea lo que has buscado, ten por seguro que en algún rincón del planeta existirá un lugar en el que se le rinda culto. Hay, por ejemplo, espacios dedicados a esa serie tan de moda, a los fideos instantáneos o al jamón serrano. Las opciones son tan amplias que incluso aquellos cuya preocupante patología les hace adorar las cortadoras de césped, la comida quemada o los retretes tienen sus propios templos.

¿Que tu ego es más grande que el estado de Alaska y sabes que, de haber coincidido contigo, Dalí habría enviado a Gala de vuelta a Rusia? Estás de enhorabuena porque existe un lugar en el que tú podrás ser el protagonista de todas las obras. Se llama el Museo de las Ilusiones, está en Barcelona y, gracias a efectos ópticos, te fundirás con un sinfín de escenas, demostrando a todo el mundo que tu sonrisa nada tiene que envidiar a la de la Mona Lisa.

Sin necesidad de enseñar el pasaporte también tienes museos tan escatológicos como el del orinal, tan curiosos como el del bandolero o tan ¿didácticos? como el de la tortura. En caso de que hayas tenido una infancia feliz y estés libre de traumas, hay maneras más convencionales de pasar la tarde como perderte por el Prado o deleitarte con el buen gusto que Tita Cervera ha demostrado tener en el Thyssen.

Escapa de la oficina y de un room escape

Ya lo decían en misa: los designios del señor son inescrutables. ¿Que eso qué significa? Que lo mismo puedes estar disfrutando de unas vacaciones de ensueño como te toca enfrentarte a una horda de zombis o a un holocausto nuclear. ¿Crees que exagero? Tú mismo, pero yo estaría preparado para lo que pudiera venir.

¿Por qué crees que los room escapes se han puesto tan de moda? ¡Bingo! Porque ponen a prueba tus habilidades, te hacen ser consciente de tus propias limitaciones y te entrenan para situaciones difíciles. Propón este plan a amigos, a compañeros del curro o a tu familia y, además de pasártelo genial, descubrirás con quién debes aliarte y a quién dejar atrás en caso de que las cosas se pongan chungas en el mundo real. ¿Te estoy proponiendo una actividad que hará que salves tu vida en caso de catástrofe? ¡Esto sí es una manera de aprovechar tus tardes y no lo que estabas haciendo hasta ahora! 

Durante años viviste pendiente del teléfono, convencido de que los servicios de inteligencia de algún país lejano acabarían brindándote la oportunidad laboral que tanto ansiabas, esa que iba a hacer de ti un tipo con una vida tan trepidante como la de cualquier héroe de acción. Pero las únicas llamadas que recibiste fueron las de los teleoperadores de turno y, a día de hoy, lo más emocionante que te ha pasado trabajando fue descubrir demasiado tarde que no quedaba papel de váter.

Y si ya hace tiempo que asumiste (no sin resignación) que tu vida laboral iba a ser menos estimulante que enfrentarte a un tronista en una partida de ajedrez, lo que bajo ningún concepto estás dispuesto a permitir es que el tedio y la monotonía se adueñen también de tu tiempo libre. Para impedirlo, hoy te traigo algunas propuestas que harán que salgas de la oficina con una alegría solo comparable a saber que Brad Pitt te espera para cenar.

¿A qué estás esperando para conocer las Paint Nites?

Tienes tanta imaginación que solo tú eres capaz de hacer que un dinosaurio con muy malas pulgas, un terremoto de gran magnitud y un peligroso hombre lobo sean los coprotagonistas de la misma excusa. El problema es que tu ingenio, consciente del riesgo que corre de atreverse a aparecer sin haber sido invitado, permanece agazapado en algún rincón de tu cerebro durante las ocho horas que vives entregado en cuerpo y alma a tu trabajo. Pero no te resignes, hay vida más allá de la oficina.

Un buen lugar en el que dar rienda suelta a tu lado más creativo será el Palau Moja de Barcelona, un espacio que abre sus puertas para que pases una agradable velada pintando y conociendo a gente nueva. En estos talleres, que reciben el nombre de Paint Nites, poco importará que seas de las pocas personas en el mundo incapaces de hacer un retrato con un seis y un cuatro; lo único que necesitas para disfrutar de una actividad que nació en Nueva York y que ya ha triunfado en más de 3.500 locales de todo el mundo es tener ganas de plasmar en el lienzo tu mundo interior. Y luego, si acaso, le llevas tu dibujito al psicólogo, a ver qué opina.

Una publicación compartida de Lauren (@laurenlash) el

El encargado de hacer que aprendas a mover los pinceles con más destreza que Locomía sus abanicos será el artista Jorge Cepeda, profesor de escultura de la Universidad de Barcelona. Si sus consejos no son suficientes para desentumecer tus dedos, la copita de vino que incluye la entrada seguro que te ayudará a estar más suelto. Eso sí, no se te ocurra abusar, que alcohol y pintura puede ser una combinación realmente peligrosa.

Una tarde en el museo

Es imposible que no te guste ir de museos. No, no pongas esa cara. Lo es. Si no te lo crees, piensa en algo que te apasione (preferiblemente que sea legal) y escribe en Google la palabra que lo defina seguida del texto “museo”. Por muy raro que sea lo que has buscado, ten por seguro que en algún rincón del planeta existirá un lugar en el que se le rinda culto. Hay, por ejemplo, espacios dedicados a esa serie tan de moda, a los fideos instantáneos o al jamón serrano. Las opciones son tan amplias que incluso aquellos cuya preocupante patología les hace adorar las cortadoras de césped, la comida quemada o los retretes tienen sus propios templos.

¿Que tu ego es más grande que el estado de Alaska y sabes que, de haber coincidido contigo, Dalí habría enviado a Gala de vuelta a Rusia? Estás de enhorabuena porque existe un lugar en el que tú podrás ser el protagonista de todas las obras. Se llama el Museo de las Ilusiones, está en Barcelona y, gracias a efectos ópticos, te fundirás con un sinfín de escenas, demostrando a todo el mundo que tu sonrisa nada tiene que envidiar a la de la Mona Lisa.

Sin necesidad de enseñar el pasaporte también tienes museos tan escatológicos como el del orinal, tan curiosos como el del bandolero o tan ¿didácticos? como el de la tortura. En caso de que hayas tenido una infancia feliz y estés libre de traumas, hay maneras más convencionales de pasar la tarde como perderte por el Prado o deleitarte con el buen gusto que Tita Cervera ha demostrado tener en el Thyssen.

Escapa de la oficina y de un room escape

Ya lo decían en misa: los designios del señor son inescrutables. ¿Que eso qué significa? Que lo mismo puedes estar disfrutando de unas vacaciones de ensueño como te toca enfrentarte a una horda de zombis o a un holocausto nuclear. ¿Crees que exagero? Tú mismo, pero yo estaría preparado para lo que pudiera venir.

¿Por qué crees que los room escapes se han puesto tan de moda? ¡Bingo! Porque ponen a prueba tus habilidades, te hacen ser consciente de tus propias limitaciones y te entrenan para situaciones difíciles. Propón este plan a amigos, a compañeros del curro o a tu familia y, además de pasártelo genial, descubrirás con quién debes aliarte y a quién dejar atrás en caso de que las cosas se pongan chungas en el mundo real. ¿Te estoy proponiendo una actividad que hará que salves tu vida en caso de catástrofe? ¡Esto sí es una manera de aprovechar tus tardes y no lo que estabas haciendo hasta ahora! 

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Lo primero que hago al llegar a la playa es buscar el punto más elevado al que huir en caso de tsunami. Soy así de previsora. Cuando no estoy buscando salidas de emergencia o comprando conservas para llenar la despensa del búnker, voy al cine, leo, duermo y finjo ser normal.