Viaja

El Ripollès y la Garrotxa, dos comarcas para conocer juntas y en pareja

Quién os lo iba a decir a vosotros hace unos meses (o años), cuando de viajes se iba con amigos y San Valentín os era tan ajeno como el 4 de julio o el Día Nacional del Tulipán. Miraos ahora, da gusto veros tan enamorados. ¿Cómo? ¿que os habéis quedado sin ideas de destinos? El Ripollès y la Garrotxa son justo lo que necesitáis.

Estas dos comarcas son como Federer y Nadal, funcionan aún mejor en pareja. Lo mismo sirven para confirmar que ese ligue con el que llevas tonteando dos meses va a más, que para pasar un finde romántico con tu pareja de años (y discutir si os perdéis, la salsa de toda buena relación).
Tomad nota, porque este recorrido por El Ripollès y la Garrotxa, en los Pirineos de Cataluña, arregla desde un aniversario mal planificado (¿otra vez? ¿en serio?) hasta una mala racha, ¡vamos, el amor hay que currárselo!

Amor a bajo cero

Podéis comenzar vuestro viaje sumergiéndoos en el lago helado de Vall de Núria. Está a más de 2.000 metros de altura y la temperatura del agua va de uno a tres grados. Sí, sé que de primeras suena a ruptura y seguro de cancelación de hoteles, pero esperad. El paisaje que encontraréis ahí arriba es de los que se recuerdan en las bodas de plata. Además, solo necesitáis un buen neopreno para vivir una experiencia alucinante.

Amor de San Fernando, un rato a pie y otro caminando

Teniendo como punto de partida Núria, merece la pena lanzarse a una ruta de senderismo. Es el momento de tener todas esas conversaciones que a menudo interrumpen los whatsapps (y Twitter, y los Stories de Instagram…). Este recorrido es conocido como “El Camino Viejo a Queralbs”, atraviesa pastos y tramos mineros, y está perfectamente señalizado para urbanitas como vosotros. Eso sí, mejor evitar la época invernal, puede complicarse por la nieve y el hielo.

Queralbs

Amor con mucho arte

Quitaos las chirucas por un rato, pero no las dejéis muy lejos. El siguiente punto en el recorrido son varios a la vez, es hora de pasear vuestro amor por las distintas muestras de arte románico de la comarca de El Ripollés. Podéis empezar por el monasterio de Santa María de Ripoll, que data del siglo IX y del que destaca su Portal Monumental, cuya riqueza y complejidad iconográfica lo convierten en una obra única. También son más que recomendables el monasterio de Sant Joan de les Abadesses y la iglesia Sant Cristòfol de Beget.

Románico

Amor volcánico

Siguiendo con nuestra búsqueda de lugares ideales para tortolitos como vosotros, entramos a la comarca de la Garrotxa, que cuenta con unos paisajes volcánicos únicos en la Península. Para ver los lugares más representativos, es recomendable seguir la ruta circular que atraviesa la Fageda d’en Jordà y los volcanes Croscat y Santa Margarida.

Fageda d’en Jordà

Amor a dos carrillos

Después de todo este tute va siendo hora de comer. Si es cierto eso de que se enamora por el estómago, tened cuidado: vuestra pareja puede caer rendida a los pies de la abuela del Hostal dels Ossos. La culpa la tendrán sus espectaculares macarrones y otros platos de comida casera. Si, por lo que sea, esto no ocurre, tened por cierto que vuestra relación saldrá reforzada con comilonas de esta envergadura.

Amor medieval

Y llegamos a nuestra última parada, un lugar que se presta a pedidas de matrimonio (si os conocisteis hace un par de meses quizás sea un poco precipitado). Con su icónico puente tantas veces fotografiado, sus baños judíos y su trazado medieval, Besalú pide a gritos que paseéis de la mano al atardecer, cuando los domingueros se retiran en una especie de Walking Dead inverso.

Un último consejo para lograr la escapada perfecta, saboread la gastronomía local en establecimientos como Amb els 5 sentits, que cuenta con un espectacular menú degustación de cuatro platos y postre, o La Cúria Reial, del colectivo Cuina Volcànica, cuya coca de escalivada no te puedes perder.

Besalú

Aquí acaba vuestra ruta por las comarcas de El Ripollès y la Garrotxa. Si habéis seguido al pie de la letra los puntos  del recorrido, os habrá quedado un viaje digno de reportaje fotográfico en Conde Nast Traveler. Os toca seguir acumulando experiencias juntos, sea en Grazalema o en Canadá. Cantando en un karaoke japonés o perdiéndoos en Islandia. Termina un viaje, comienzan muchos más.

Lenny Kravitz se enfadó conmigo.

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