Guardas un asombroso parecido con el Mel Gibson de los 90, eres listísimo y, además, más majo que las pesetas. Y, no, no lo dices tú. Eso es lo que afirman 9 de cada 10 mujeres… ¡de tu familia! Si a todas estas virtudes le sumas que te encanta el cine, disfrutas como un enano con un libro y te apasiona la gastronomía, tenemos un perfil de Tinder de lo más completito.

Por eso te cuesta entender que al mostrar la punta del iceberg de tus encantos tus citas se esfumen con un pasmoso descaro. Espera, ¿recuerdas lo último que dijiste antes de que cayeran en la cuenta de que (¡vaya, qué mala memoria la suya!) hoy llegaba su prima del pueblo? Quizá te habías atrevido a confesar que la saga cinematográfica que más te gusta empieza por ‘RESIDENT’ y acaba por ‘EVIL’, que tu libro de cabecera es ‘Cincuenta sombras de Grey’ o que el máximo placer gastronómico que has experimentado fue meterte entre pecho y espalda unas bravas con huevos y chistorra.

Contrariamente a lo que pueda parecer, nadie está insinuando que mientas en tus gustos, aunque si lo que quieres es vivir un verano que ni en los anuncios de cerveza, no es que vayas por el camino equivocado, no, es que tu camino ha sido borrado del mapa con una bomba de napalm. En resumen: que sepas que así poco vas a ligar.

Pero si deseas dejar atrás tu faceta de truhan, vas a poder conseguirlo con estas sencillas lecciones.

Lección nº1: hay cine más allá de las colinas de Hollywood

¿Crees que Bergman es una silla de la nueva colección de Ikea y Fellini el restaurante italiano que tanto gusta a tus vecinos? Vale, esto no va a ser fácil, pero si Richard Gere logró que Julia Roberts cambiara su poco sofisticado outfit por un elegantísimo vestido rojo, tú también tienes remedio. Eso sí, tendrás que poner de tu parte.

Para empezar, echa un vistazo a la cartelera y elige alguna película sin ‘letal’, ‘infierno’ o ‘pánico total’ en el título. Si vas a por nota, decídete por algún film hecho lejos de Hollywood. ¿Cine polaco? ¿Tal vez francés? ¡Tú decides! Además, ahora que estamos inmersos en el verano y que tienes más ganas de tocar calle que Tim Robbins en ‘Cadena perpetua’, es EL MOMENTO de disfrutar del mejor cine al aire libre. Tú, una cervecita y una peli pueden poner el broche perfecto a tu día.

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Lección nº2: conviértete en un sabelotodo

Parafraseando a Robert De Niro en ‘Taxi Driver’, tú también vas a preguntar eso de ‘are you talking to me?’ cada vez que alguien lance al aire las palabras ‘listillo’, ‘cerebrito’ o ‘sabelotodo’. Y es que hay mil formas de ampliar conocimientos sin tener que volver al aula. Por ejemplo, apuntándote a uno de los muchos itinerarios culturales que recorren tu ciudad, visitando el museo que más te apetezca o inscribiéndote en algún curso que parezca interesante. Si, por el contrario, te cuesta más quitarte el pijama que a James Bond su esmoquin, un curso online será la mejor opción.

Lección nº3: amplía tus horizontes gastronómicos

Siempre has defendido la máxima de que, si algo te gusta, para qué cambiar. Y, con ese lema por bandera, llevas años apostado en las barras de bar más inmundas, alimentándote a base de bravas, pinchos y otras delicatessen de nuestra gastronomía patria. Tu dilatada experiencia como catador de fritangas te ha convertido en una especie de guía Michelin de lo grasiento, sabiendo siempre dónde encontrar las mejores croquetas y bocatas de tu radio de acción.

Pero esta dieta, además de provocar que tus arterias estén más colapsadas que una autopista en plena operación salida, te está alejando de otras opciones culinarias. Acaba con tanta monotonía gastronómica llevándote a la boca algún bocado típico de, por ejemplo, la India o Grecia. También puedes acercarte a otros sabores estrenándote en el mundo de los restaurantes con estrella o probando alguna de las cocinas más creativas de tu ciudad.

Fotos: CCO License

Cambiar los rebozados por deconstrucciones, ceviches, esferificaciones o gyozas merecerá (y no poco) la pena.

¡Reto conseguido!

Ahora que conoces los secretos de tu ciudad mejor que la ‘Lonely Planet’, que sabes que el wasabi no se come a cucharadas y que te conmueves con una peli de Von Trier tanto como con una de Van Damme, hay que darte la enhorabuena. Tú, que eras menos sofisticado que la paella con chorizo, has demostrado ser capaz de cualquier cosa por impedir que una chica te vuelva a hacer un moonwalk a las primeras de cambio.

Así que ya puedes ponerte tus mejores galas y pasar a recoger el título que acredita que acabas de convertirte en una máquina de amar más perfecta que Julio Iglesias. Ah, y si piensas que todavía tienes mucho que ofrecer, este septiembre podrás ampliar conocimientos y mejorar tus aptitudes con alguno de los cursos que estamos preparando. ‘Deja de coger el cuchillo de la mantequilla como si fueras el malo de Scream’, ‘¿Rayas y cuadros en el mismo outfit? No, gracias’ o ‘El jazz no lo inventó Kenny G’ son algunas de las propuestas que harán de ti un perfecto seductor.

Guardas un asombroso parecido con el Mel Gibson de los 90, eres listísimo y, además, más majo que las pesetas. Y, no, no lo dices tú. Eso es lo que afirman 9 de cada 10 mujeres… ¡de tu familia! Si a todas estas virtudes le sumas que te encanta el cine, disfrutas como un enano con un libro y te apasiona la gastronomía, tenemos un perfil de Tinder de lo más completito.

Por eso te cuesta entender que al mostrar la punta del iceberg de tus encantos tus citas se esfumen con un pasmoso descaro. Espera, ¿recuerdas lo último que dijiste antes de que cayeran en la cuenta de que (¡vaya, qué mala memoria la suya!) hoy llegaba su prima del pueblo? Quizá te habías atrevido a confesar que la saga cinematográfica que más te gusta empieza por ‘RESIDENT’ y acaba por ‘EVIL’, que tu libro de cabecera es ‘Cincuenta sombras de Grey’ o que el máximo placer gastronómico que has experimentado fue meterte entre pecho y espalda unas bravas con huevos y chistorra.

Contrariamente a lo que pueda parecer, nadie está insinuando que mientas en tus gustos, aunque si lo que quieres es vivir un verano que ni en los anuncios de cerveza, no es que vayas por el camino equivocado, no, es que tu camino ha sido borrado del mapa con una bomba de napalm. En resumen: que sepas que así poco vas a ligar.

Pero si deseas dejar atrás tu faceta de truhan, vas a poder conseguirlo con estas sencillas lecciones.

Lección nº1: hay cine más allá de las colinas de Hollywood

¿Crees que Bergman es una silla de la nueva colección de Ikea y Fellini el restaurante italiano que tanto gusta a tus vecinos? Vale, esto no va a ser fácil, pero si Richard Gere logró que Julia Roberts cambiara su poco sofisticado outfit por un elegantísimo vestido rojo, tú también tienes remedio. Eso sí, tendrás que poner de tu parte.

Para empezar, echa un vistazo a la cartelera y elige alguna película sin ‘letal’, ‘infierno’ o ‘pánico total’ en el título. Si vas a por nota, decídete por algún film hecho lejos de Hollywood. ¿Cine polaco? ¿Tal vez francés? ¡Tú decides! Además, ahora que estamos inmersos en el verano y que tienes más ganas de tocar calle que Tim Robbins en ‘Cadena perpetua’, es EL MOMENTO de disfrutar del mejor cine al aire libre. Tú, una cervecita y una peli pueden poner el broche perfecto a tu día.

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Lección nº2: conviértete en un sabelotodo

Parafraseando a Robert De Niro en ‘Taxi Driver’, tú también vas a preguntar eso de ‘are you talking to me?’ cada vez que alguien lance al aire las palabras ‘listillo’, ‘cerebrito’ o ‘sabelotodo’. Y es que hay mil formas de ampliar conocimientos sin tener que volver al aula. Por ejemplo, apuntándote a uno de los muchos itinerarios culturales que recorren tu ciudad, visitando el museo que más te apetezca o inscribiéndote en algún curso que parezca interesante. Si, por el contrario, te cuesta más quitarte el pijama que a James Bond su esmoquin, un curso online será la mejor opción.

Lección nº3: amplía tus horizontes gastronómicos

Siempre has defendido la máxima de que, si algo te gusta, para qué cambiar. Y, con ese lema por bandera, llevas años apostado en las barras de bar más inmundas, alimentándote a base de bravas, pinchos y otras delicatessen de nuestra gastronomía patria. Tu dilatada experiencia como catador de fritangas te ha convertido en una especie de guía Michelin de lo grasiento, sabiendo siempre dónde encontrar las mejores croquetas y bocatas de tu radio de acción.

Pero esta dieta, además de provocar que tus arterias estén más colapsadas que una autopista en plena operación salida, te está alejando de otras opciones culinarias. Acaba con tanta monotonía gastronómica llevándote a la boca algún bocado típico de, por ejemplo, la India o Grecia. También puedes acercarte a otros sabores estrenándote en el mundo de los restaurantes con estrella o probando alguna de las cocinas más creativas de tu ciudad.

Fotos: CCO License

Cambiar los rebozados por deconstrucciones, ceviches, esferificaciones o gyozas merecerá (y no poco) la pena.

¡Reto conseguido!

Ahora que conoces los secretos de tu ciudad mejor que la ‘Lonely Planet’, que sabes que el wasabi no se come a cucharadas y que te conmueves con una peli de Von Trier tanto como con una de Van Damme, hay que darte la enhorabuena. Tú, que eras menos sofisticado que la paella con chorizo, has demostrado ser capaz de cualquier cosa por impedir que una chica te vuelva a hacer un moonwalk a las primeras de cambio.

Así que ya puedes ponerte tus mejores galas y pasar a recoger el título que acredita que acabas de convertirte en una máquina de amar más perfecta que Julio Iglesias. Ah, y si piensas que todavía tienes mucho que ofrecer, este septiembre podrás ampliar conocimientos y mejorar tus aptitudes con alguno de los cursos que estamos preparando. ‘Deja de coger el cuchillo de la mantequilla como si fueras el malo de Scream’, ‘¿Rayas y cuadros en el mismo outfit? No, gracias’ o ‘El jazz no lo inventó Kenny G’ son algunas de las propuestas que harán de ti un perfecto seductor.

Tags : CulturaCursos
mm
Lo primero que hago al llegar a la playa es buscar el punto más elevado al que huir en caso de tsunami. Soy así de previsora. Cuando no estoy buscando salidas de emergencia o comprando conservas para llenar la despensa del búnker, voy al cine, leo, duermo y finjo ser normal.