Lo reconozco. Soy de los que sienten que ir a un bar, restaurante, cafetería, lo que sea, sin compañía es una locura. ‘Para no hablar con nadie me quedo en casa’. No le veo el sentido a remover la cucharita del café mirando al tendido o toquetear el móvil sin finalidad alguna para simular ocupación. Me siento incómodo, observado, deseoso de apurar mi consumición y escabullirme a la ruidosa ciudad, reconfortado por la marabunta de gente y sus conversaciones a gritos. ¡Qué tranquilidad! Dramas del primer mundo. Lo sé. Y por eso decidí enfrentarme a mis miedos. ¡A Dios pongo por testigo que voy a ir a comer solo! Lo que no esperaba era que, al final, iba a terminar cogiéndole el gustillo… ¡Maldición!

Una publicación compartida de ✨Kibbbbbb

mm
Bloguer con solera. Profesional de la palabra. Vedette del freelancismo. Inventor de la confusión. Me gano la vida escribiendo y gestionando mi imperio. Es duro, pero merece la pena.