Autorregalos: el origen

No hay nada que te defina como “amante de los deportes de riesgo” como responder a tus padres “no sé, lo que os apetezca” a la pregunta de “¿Qué quieres estas navidades?”. Puede que en ese momento la pregunta te haya pillado por imprevisto, puede que tengas que parar a pensar, reflexionar, porque, ¿ESTÁS SEGURA?

Personalmente, que mis padres me hagan regalos sin haber sugerido nada de antemano siempre ha sido lo más parecido a jugar a la ruleta rusa con una pistola llena de balas. Los quiero muchísimo, pero creo que es algo relacionado con un salto generacional en desfase. Es posible que  tenga que ver con unos gustos que se han quedado atrás, pero no lo suficiente como para que sean vintage, así que es imposible que acierten en Navidades y cumpleaños. O quizás sea una reacción biológica, como aquella que hace que los pájaros se vayan de sus nidos, que cualquier cosa que me regalasen sería rechazada instintivamente. Madres y padres, ya sabéis: vestid a vuestras hijas de góticas a los 11 y así os ahorrareis una edad del pavo muy dolorosa.

Créditos: License CC0

Con los años, mi madre y yo hemos desarrollado técnicas para evitar esto: desde mirar tiendas online sentadas codo con codo, hasta esa técnica tan rara que se llama “comunicación”. Ahora, ya viviendo fuera de casa, tengo un notable déficit de calcetines por culpa de esto.

Por esto y más, abogo por la necesidad de los autorregalos.

El self-care es tendencia

En los últimos años se ha puesto muy de moda lo que en inglés es conocido como “self-care”, el “autocuidado”. Un movimiento que va muy ligado a otros como el del amor propio y que trata, básicamente, de hacer cosas por ti y para ti: mimarte sin sentir ninguna culpa por ello. No, no se trata de pegarte un atracón de patatas un domingo a la tarde en un impulso de última hora, pero sí de salir fuera a cenar a pesar de que estés a dieta porque te apetece, y no machacarte por ello. ¿Dormir hasta las 2 un sábado cuando tienes muchas cosas que hacer? ¡Self-care! ¿No contestar al teléfono durante tres días enteros? ¡Self-care! ¿Borrar ese email importante que te da pereza responder y hacer como que nunca lo has recibido? ¡SELF-CARE HE DICHO!

Por eso, como el dicho que se hizo famoso por la serie de culto Parks & Recreation: “TREAT YO SELF” (DATE UN CAPRICHO). ¿Y es que quién mejor que tú para saber lo que quieres?

Si por economía personal prefieres no gastar demasiado, el truco de hacerse autorregalos pero que otros los paguen es dejando links a tus listas de deseos por ahí, que es la versión recatada de poner tu dirección de PayPal en tu perfil de twitter.

¡Aquí tienes una pequeña lista de ideas para que te vayas inspirando sobre qué regalarte!

El último cachivache electrónico

No. Tal vez no necesites el último móvil que ha salido al mercado. ¿Pero tú has visto qué selfies se sacan con él? No hay precio demasiado caro por un Instagram impecable.

Ese abrigo

Sabes de qué abrigo hablo. Ese que te hará pasar toda la noche preocupada por si te has pasado tres pueblos poniéndotelo. Ese que seguramente guardarás en el armario durante todo el año, pero ay. AY. Que todas las canciones de Pablo Alborán te recuerdan a él.

Entradas a festivales

No sé si ha sido la especulación, la inflación o algún otro término económico que acabe en –ción, pero en los últimos años el precio de las entradas de los festivales ha subido y mucho. Por eso las Navidades pueden ser la excusa perfecta para comprarlas y no sentirte tan mal por ello. Y, además, al ser estos festivales en verano, podrás pasarte el siguiente medio año fantaseando y teniendo viajes astrales a conciertos cada vez que tu jefe te hable.

Una lámpara de lava

Hay algo muy pero que muy satisfactorio en comprarte algo completamente inútil.

Una publicación compartida de Rosk (@rosklive) el

Viajes

El autorregalo por excelencia para las cansadas de todo. Cansadas del trabajo, cansadas de la ciudad y sobre todo cansadas de planear viajes con amigas que nunca salen adelante porque una siempre se suele ir al pueblo con su novio ese puente y la otra ha tenido que comprarse una lavadora nueva ese mes. Si hay que hacer una lista de las cosas maravillosas que nos ha traído el siglo XXI están: la pasión desenfrenada por poner aguacate a todo, los videos de pájaros en YouTube y los vuelos low cost.

Así que nada cuesta aprovechar este último punto e ir a pasar tú sola el fin de semana en Roma. Quizás no conocerás a un chef que se llame Lorenzo que te lleve en vespa por la costa italiana, quizás la Fontana di Trevi no te otorgue un Iphone X este año y quizás te pases el fin de semana entero metida en tu hotel viendo el catálogo local de Netflix. Lo que sí es seguro es que volverás a casa con las pilas recargadas y la sensación de que has hecho las cosas bien (y a tu manera).

Resumiendo…

Que a falta de pocos días para Navidad me sorprendo a mí misma autorregalándome calcetines y echando de menos a mi madre.

Autorregalos: el origen

No hay nada que te defina como “amante de los deportes de riesgo” como responder a tus padres “no sé, lo que os apetezca” a la pregunta de “¿Qué quieres estas navidades?”. Puede que en ese momento la pregunta te haya pillado por imprevisto, puede que tengas que parar a pensar, reflexionar, porque, ¿ESTÁS SEGURA?

Personalmente, que mis padres me hagan regalos sin haber sugerido nada de antemano siempre ha sido lo más parecido a jugar a la ruleta rusa con una pistola llena de balas. Los quiero muchísimo, pero creo que es algo relacionado con un salto generacional en desfase. Es posible que  tenga que ver con unos gustos que se han quedado atrás, pero no lo suficiente como para que sean vintage, así que es imposible que acierten en Navidades y cumpleaños. O quizás sea una reacción biológica, como aquella que hace que los pájaros se vayan de sus nidos, que cualquier cosa que me regalasen sería rechazada instintivamente. Madres y padres, ya sabéis: vestid a vuestras hijas de góticas a los 11 y así os ahorrareis una edad del pavo muy dolorosa.

Créditos: License CC0

Con los años, mi madre y yo hemos desarrollado técnicas para evitar esto: desde mirar tiendas online sentadas codo con codo, hasta esa técnica tan rara que se llama “comunicación”. Ahora, ya viviendo fuera de casa, tengo un notable déficit de calcetines por culpa de esto.

Por esto y más, abogo por la necesidad de los autorregalos.

El self-care es tendencia

En los últimos años se ha puesto muy de moda lo que en inglés es conocido como “self-care”, el “autocuidado”. Un movimiento que va muy ligado a otros como el del amor propio y que trata, básicamente, de hacer cosas por ti y para ti: mimarte sin sentir ninguna culpa por ello. No, no se trata de pegarte un atracón de patatas un domingo a la tarde en un impulso de última hora, pero sí de salir fuera a cenar a pesar de que estés a dieta porque te apetece, y no machacarte por ello. ¿Dormir hasta las 2 un sábado cuando tienes muchas cosas que hacer? ¡Self-care! ¿No contestar al teléfono durante tres días enteros? ¡Self-care! ¿Borrar ese email importante que te da pereza responder y hacer como que nunca lo has recibido? ¡SELF-CARE HE DICHO!

Por eso, como el dicho que se hizo famoso por la serie de culto Parks & Recreation: “TREAT YO SELF” (DATE UN CAPRICHO). ¿Y es que quién mejor que tú para saber lo que quieres?

Si por economía personal prefieres no gastar demasiado, el truco de hacerse autorregalos pero que otros los paguen es dejando links a tus listas de deseos por ahí, que es la versión recatada de poner tu dirección de PayPal en tu perfil de twitter.

¡Aquí tienes una pequeña lista de ideas para que te vayas inspirando sobre qué regalarte!

El último cachivache electrónico

No. Tal vez no necesites el último móvil que ha salido al mercado. ¿Pero tú has visto qué selfies se sacan con él? No hay precio demasiado caro por un Instagram impecable.

Ese abrigo

Sabes de qué abrigo hablo. Ese que te hará pasar toda la noche preocupada por si te has pasado tres pueblos poniéndotelo. Ese que seguramente guardarás en el armario durante todo el año, pero ay. AY. Que todas las canciones de Pablo Alborán te recuerdan a él.

Entradas a festivales

No sé si ha sido la especulación, la inflación o algún otro término económico que acabe en –ción, pero en los últimos años el precio de las entradas de los festivales ha subido y mucho. Por eso las Navidades pueden ser la excusa perfecta para comprarlas y no sentirte tan mal por ello. Y, además, al ser estos festivales en verano, podrás pasarte el siguiente medio año fantaseando y teniendo viajes astrales a conciertos cada vez que tu jefe te hable.

Una lámpara de lava

Hay algo muy pero que muy satisfactorio en comprarte algo completamente inútil.

Una publicación compartida de Rosk (@rosklive) el

Viajes

El autorregalo por excelencia para las cansadas de todo. Cansadas del trabajo, cansadas de la ciudad y sobre todo cansadas de planear viajes con amigas que nunca salen adelante porque una siempre se suele ir al pueblo con su novio ese puente y la otra ha tenido que comprarse una lavadora nueva ese mes. Si hay que hacer una lista de las cosas maravillosas que nos ha traído el siglo XXI están: la pasión desenfrenada por poner aguacate a todo, los videos de pájaros en YouTube y los vuelos low cost.

Así que nada cuesta aprovechar este último punto e ir a pasar tú sola el fin de semana en Roma. Quizás no conocerás a un chef que se llame Lorenzo que te lleve en vespa por la costa italiana, quizás la Fontana di Trevi no te otorgue un Iphone X este año y quizás te pases el fin de semana entero metida en tu hotel viendo el catálogo local de Netflix. Lo que sí es seguro es que volverás a casa con las pilas recargadas y la sensación de que has hecho las cosas bien (y a tu manera).

Resumiendo…

Que a falta de pocos días para Navidad me sorprendo a mí misma autorregalándome calcetines y echando de menos a mi madre.

mm
Vascatalana millennial y orgullosa de defender a una generación de obsesos de los aguacates. Digo que lo amo y lo odio todo intensamente desde la cómoda posición que me da estar en una constante edad del pavo.