Es ahora que llega el frío cuando la nostalgia, tan empeñada en distorsionar los recuerdos, borra de nuestras mentes lo peor del verano. En ellas, nada queda ya de las olas de calor, las playas abarrotadas, o las luchas por el aire acondicionado, tan encarnizadas que hacen que “Juego de tronos” parezca una comedia para adolescentes.

Recordar únicamente lo bueno de los meses que acabamos de dejar atrás hace que vivamos el otoño como una especie de penitencia, como ese castigo que hay que pagar por haber bebido demasiadas cañas, por haber viajado más allá de nuestras posibilidades o por haber excedido los límites de la diversión. Sin embargo, aunque te resistas a creerlo, octubre y noviembre pueden convertirse en una especie de prolongación de tus días de verano. Eso sí, lejos de la playa y con algo más de abrigo. ¿Lo dudas? Créeme: nunca miento.

Escápate con los tuyos a la montaña

¿Cuánto hace que no ves cómo las vacas pastan en el campo? Si te ha costado un buen rato dar con una respuesta, cualquier médico con un poco de sensatez te recetaría, como mínimo, dos días de escapada rural. Convence a tu familia, a tu pareja o a tus compañeros de trabajo y echa un vistazo a las muchas opciones de alojamiento que encontraréis cerca de vosotros. Y es que hay casas rurales para todos los gustos y bolsillos. Con jacuzzi, con chimenea, con una decoración tan exquisita que hasta la Preysler querría quedarse a vivir, con menos glamour que un concursante de “Gran Hermano”… Hay tantas opciones que es imposible que no encuentres la que más se adapte a lo que estabas buscando.

Una vez allí, las actividades que podrás realizar son también ilimitadas. Tendrás la oportunidad de participar en el proceso de elaboración de quesos o mermeladas, recoger los huevos de las gallinas o, en caso de que tengas claro que tú no has salido de casa para trabajar, limitarte a dar un bucólico paseo por bosques que ofrecen una paleta de colores casi infinita.

Es tiempo de calabazas, de castañas y de setas, muchas setas

En apenas unos días, los melones, las sandías y los helados han dado paso a calabazas, castañas y, por supuesto, setas, un alimento tan rico como saludable. Lo mejor de todo, además, es que puedes ir tú mismo a por ellas. Solo necesitas calzarte unas buenas botas, ponerte un chubasquero y lanzarte al monte con la cesta de mimbre bajo el brazo.

Palabrita de experto…

Pero para evitar que vayas a por setas con la misma actitud ingenua con la que Caperucita se adentró en el bosque, Horacio González, presidente de la Sociedad Micológica Amagredos, me ha dado unos cuantos trucos. Porque al campo, como a la guerra, hay que ir preparado.

Al empezar nuestra conversación, lo primero que me explica es qué lugares son propicios para la aparición de setas. Según nuestro experto, hay que tener en cuenta que “muchas especies solo nacen asociadas a las raíces de árboles tanto frondosas (castaños, robles, hayas, encinas) como coníferas (distintos tipos de pinares), aunque también las hay que aparecen en praderas y tierras abonadas por animales, en eriales e incluso en lugares próximos a escombreras”. Espera, ¿acabas de tener la brillante ocurrencia de cultivar setas gracias a los deshechos de tus mascotas? Hazme caso: no es una buena idea.

Ahora que tienes claro dónde encontrar más setas que en la aldea de Los Pitufos, también es importante que sepas cuál es la forma adecuada de cogerlas. Tal y como  explica Horacio González, “hay que utilizar una cesta y evitar el uso de bolsas”. Vamos, que no puedes cargar con ellas como si fueran una camiseta que te acabas de comprar. La razón es que “son materia orgánica y las bolsas impiden que transpiren, haciendo que se descompongan rápidamente. Tampoco hay que utilizar rastrillos ni herramientas similares porque pueden dañarlas”. En caso de que no te parezcan motivos más que suficientes, nos cuenta que “lo prohíbe la legislación de muchas zonas”. Así que si no quieres escuchar eso de “tiene usted derecho a una llamada” será mejor que tengas en cuenta esta recomendación.

Ir a la montaña está muy bien, pero aún está mejor poder volver de ella. De ahí la importancia de poder reconocer si tienes ante ti una exquisitez o un arma de destrucción masiva. Horacio González aclara que “no existe una regla universal para saber si una especie es tóxica. Lo único válido es reconocerla perfectamente. Los libros sirven de ayuda, pero existen setas muy parecidas entre ellas”.

Otra cosa a tener en cuenta es que, “aunque con algunas especies todos sufriremos intoxicaciones, existen incompatibilidades individuales, reacciones de tipo alérgico, estómagos delicados…” O lo que es lo mismo: lo que para algunos puede ser un festín gastronómico, para otros puede convertirse en su última cena. En este curso acelerado para no morir intoxicado también hemos aprendido que hay “setas que bien cocinadas son comestibles y consumidas en crudo resultan gravemente tóxicas”.

Créditos: CC0 License

Pese a los peligros con los que nos podemos encontrar, para disfrutar de este producto lo único que necesitas son unos cuantos conocimientos básicos y un poco de sentido común.

Además, tal y como recuerda nuestro experto, las setas “ofrecen muchas más posibilidades de disfrute que las meramente gastronómicas; pueden ser un pretexto para salir al campo a mirar, respirar, escuchar y disfrutar de lo que la naturaleza nos ofrece”. Por eso te animo a que salgas de tu zona de confort, recuerdes todo lo que acabas de aprender y conozcas todo lo que puedes encontrar en la montaña, que no estamos como para ir renunciando a los placeres del otoño.

Es ahora que llega el frío cuando la nostalgia, tan empeñada en distorsionar los recuerdos, borra de nuestras mentes lo peor del verano. En ellas, nada queda ya de las olas de calor, las playas abarrotadas, o las luchas por el aire acondicionado, tan encarnizadas que hacen que “Juego de tronos” parezca una comedia para adolescentes.

Recordar únicamente lo bueno de los meses que acabamos de dejar atrás hace que vivamos el otoño como una especie de penitencia, como ese castigo que hay que pagar por haber bebido demasiadas cañas, por haber viajado más allá de nuestras posibilidades o por haber excedido los límites de la diversión. Sin embargo, aunque te resistas a creerlo, octubre y noviembre pueden convertirse en una especie de prolongación de tus días de verano. Eso sí, lejos de la playa y con algo más de abrigo. ¿Lo dudas? Créeme: nunca miento.

Escápate con los tuyos a la montaña

¿Cuánto hace que no ves cómo las vacas pastan en el campo? Si te ha costado un buen rato dar con una respuesta, cualquier médico con un poco de sensatez te recetaría, como mínimo, dos días de escapada rural. Convence a tu familia, a tu pareja o a tus compañeros de trabajo y echa un vistazo a las muchas opciones de alojamiento que encontraréis cerca de vosotros. Y es que hay casas rurales para todos los gustos y bolsillos. Con jacuzzi, con chimenea, con una decoración tan exquisita que hasta la Preysler querría quedarse a vivir, con menos glamour que un concursante de “Gran Hermano”… Hay tantas opciones que es imposible que no encuentres la que más se adapte a lo que estabas buscando.

Una vez allí, las actividades que podrás realizar son también ilimitadas. Tendrás la oportunidad de participar en el proceso de elaboración de quesos o mermeladas, recoger los huevos de las gallinas o, en caso de que tengas claro que tú no has salido de casa para trabajar, limitarte a dar un bucólico paseo por bosques que ofrecen una paleta de colores casi infinita.

Es tiempo de calabazas, de castañas y de setas, muchas setas

En apenas unos días, los melones, las sandías y los helados han dado paso a calabazas, castañas y, por supuesto, setas, un alimento tan rico como saludable. Lo mejor de todo, además, es que puedes ir tú mismo a por ellas. Solo necesitas calzarte unas buenas botas, ponerte un chubasquero y lanzarte al monte con la cesta de mimbre bajo el brazo.

Palabrita de experto…

Pero para evitar que vayas a por setas con la misma actitud ingenua con la que Caperucita se adentró en el bosque, Horacio González, presidente de la Sociedad Micológica Amagredos, me ha dado unos cuantos trucos. Porque al campo, como a la guerra, hay que ir preparado.

Al empezar nuestra conversación, lo primero que me explica es qué lugares son propicios para la aparición de setas. Según nuestro experto, hay que tener en cuenta que “muchas especies solo nacen asociadas a las raíces de árboles tanto frondosas (castaños, robles, hayas, encinas) como coníferas (distintos tipos de pinares), aunque también las hay que aparecen en praderas y tierras abonadas por animales, en eriales e incluso en lugares próximos a escombreras”. Espera, ¿acabas de tener la brillante ocurrencia de cultivar setas gracias a los deshechos de tus mascotas? Hazme caso: no es una buena idea.

Ahora que tienes claro dónde encontrar más setas que en la aldea de Los Pitufos, también es importante que sepas cuál es la forma adecuada de cogerlas. Tal y como  explica Horacio González, “hay que utilizar una cesta y evitar el uso de bolsas”. Vamos, que no puedes cargar con ellas como si fueran una camiseta que te acabas de comprar. La razón es que “son materia orgánica y las bolsas impiden que transpiren, haciendo que se descompongan rápidamente. Tampoco hay que utilizar rastrillos ni herramientas similares porque pueden dañarlas”. En caso de que no te parezcan motivos más que suficientes, nos cuenta que “lo prohíbe la legislación de muchas zonas”. Así que si no quieres escuchar eso de “tiene usted derecho a una llamada” será mejor que tengas en cuenta esta recomendación.

Ir a la montaña está muy bien, pero aún está mejor poder volver de ella. De ahí la importancia de poder reconocer si tienes ante ti una exquisitez o un arma de destrucción masiva. Horacio González aclara que “no existe una regla universal para saber si una especie es tóxica. Lo único válido es reconocerla perfectamente. Los libros sirven de ayuda, pero existen setas muy parecidas entre ellas”.

Otra cosa a tener en cuenta es que, “aunque con algunas especies todos sufriremos intoxicaciones, existen incompatibilidades individuales, reacciones de tipo alérgico, estómagos delicados…” O lo que es lo mismo: lo que para algunos puede ser un festín gastronómico, para otros puede convertirse en su última cena. En este curso acelerado para no morir intoxicado también hemos aprendido que hay “setas que bien cocinadas son comestibles y consumidas en crudo resultan gravemente tóxicas”.

Créditos: CC0 License

Pese a los peligros con los que nos podemos encontrar, para disfrutar de este producto lo único que necesitas son unos cuantos conocimientos básicos y un poco de sentido común.

Además, tal y como recuerda nuestro experto, las setas “ofrecen muchas más posibilidades de disfrute que las meramente gastronómicas; pueden ser un pretexto para salir al campo a mirar, respirar, escuchar y disfrutar de lo que la naturaleza nos ofrece”. Por eso te animo a que salgas de tu zona de confort, recuerdes todo lo que acabas de aprender y conozcas todo lo que puedes encontrar en la montaña, que no estamos como para ir renunciando a los placeres del otoño.

mm
Lo primero que hago al llegar a la playa es buscar el punto más elevado al que huir en caso de tsunami. Soy así de previsora. Cuando no estoy buscando salidas de emergencia o comprando conservas para llenar la despensa del búnker, voy al cine, leo, duermo y finjo ser normal.