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5 razones por las que querrás ir de camping en tus próximas vacaciones

No te hace falta una roulotte ni tampoco ir a Decathlon a por una tienda de campaña. Los campings de Cataluña lo tienen todo para conectar con la naturaleza y con la familia.

Que sí. Que la moda es irse a la otra punta del mundo para ni pestañear, aunque luego los ojos se te abran como platos al ver tu cuenta bancaria teñida de rojo. Para pegarte esas merecidas vacaciones o quedarte tumbado cual estrella de mar sobre una hamaca no hace falta irse demasiado lejos ni gastar mucho dinero.

Los campings de Cataluña se parecen más a un resort de Punta Cana o Riviera Maya que la mayoría de los hoteles. Y no necesitas ni una caravana ni malgastar una tarde escogiendo tienda de campaña. Los campings han evolucionado como los Pokemons para volverse parques de atracciones disponibles todo el año y donde aburrirse está prohibido. ¿No me crees? Te voy a dar solo 5 razones y me apuesto lo que quieras que a la segunda ya estás pensando en organizar tu próxima escapada.

1ª razón: estrechar vínculos

Y no me refiero al vínculo del WeTransfer que le has enviado a tu cliente con la propuesta. Hablo de estrechar lazos con la naturaleza y la familia. Tú, que vives entre asfalto y cemento, te mereces recuperar el contacto con la flora y la fauna. Que para cruzar un riachuelo no tengas que apretar un botón y esperar el verde; solo agarrarte de la mano de tu pareja, “por si te resbalas”. Sentir su piel, sin prisas. Dejar tu mente en blanco (¡de la nieve!) o en marrones, dorados y toda la variedad cromática que ofrece el otoño, y disfrutar de la compañía que rellena la postal.

¿Cuándo fue la última vez que pasaste tiempo de calidad con los tuyos? Si tu última cena romántica fue en el salón de tu casa, con una pizza congelada (y caducada) y una serie de Netflix; si tus hijos casi ni te conocen porque eres el extraño que los arropa por la noche; ir de camping te ayudará a encontrar el sentido real de ‘vivir el momento’, sin relojes, ni alarmas, ni jefes. Apaga el móvil (ni ‘modo avión’, ni vainas), y recupera el tiempo que el estrés de la rutina te ha ido robando. ¡Ah! Si quieres sacar fotos, recuerda que siguen existiendo las cámaras.

Y no veo mejor lugar para desempolvar esa máquina de fotos que el Camping Internacional de Calonge. Cerca de él, encontrarás algunas de las calas más salvajes y fotogénicas de la Costa Brava, ideales para sacar partido del mar también en otoño e invierno. ¿Buscas un plan para hacer resurgir tu amor como el Ave Fénix de Albus Dumbledore? Pues yo tengo dos: pillaros un bungalow de madera en el Càmping Prades Park, en plenas Muntanyes de Prades, y déjate embriagar por la magia; o contemplad las estrellas juntos (sí, esos puntitos que hay en el cielo y que en la ciudad confundes con farolas) en el Càmping Bassegoda Park.

2ª razón: pasártelo bomba

Porque no hemos llegado hasta aquí para no salir del bungalow. Que sí, que es precioso. Tan cuqui. Pero fuera te espera un mundo de aventuras. El que no tiene la playa cerca, tiene piscina. En un mismo día puedes hacer senderismo por la mañana, coger la bici por la tarde y echarte un baile en el espectáculo nocturno. Es un non stop de diversión desenfrenada apta (y adaptada) para toda la familia. Los críos no echarán de menos las consolas y tú ni te acordarás del culebrón. En un camping descubrirás que hay vida más allá de las pantallas y que aburrirse desaparece de tu diccionario personal.

A mí me encanta Tarragona: recargar mi energía con la de la naturaleza en el Parque Natural de Els Ports, en las Muntanyes de Prades o en la Sierra del Montsant. Adoro pasear por La ruta del Cister o pedalear por la via verda. Ya ni os cuento lo que me chifla sumar la experiencia enoturística a mis actividades. He probado, in situ, 4 de las 6 denominaciones de origen de la zona. Tengo que volver, y si tú no has ido no sé a qué esperas. Para facilitarnos las cosas, l’Associació Càmpings de Tarragona nos ofrece un listado de campings (Montblanc Park, Serra de Prades, Poboleda, Vinyols Camp, Tivissa, Els Ports, Terra Alta, Port Massaluca, Prades y Siurana) con más planes que nosotros tiempo.

3ª razón: hacer turisteo del bueno

Esto no es como Alejandría en ‘The Walking Dead’: puedes traspasar los muros del camping sin el temor de que una horda de zombies te coman el cerebro. Aunque no hace falta ejemplificar con ficción: en tu día a día, un rebaño de comerciales de operadoras telefónicas te llaman sin cesar para “comerte el coco”. Aquí no sufras por eso. Si has seguido mi consejo de la “1ª razón” y has mandado el móvil al fondo de tu maleta, deberías hacer una excursión por los alrededores del camping. Todos están enclavados en lugares únicos, con muchísimo que ofrecer y enseñar. Rincones pintorescos de la geografía catalana, que deben ocupar su sitio en tu lista de destinos pendientes de visitar.

Si eres más de Jesús Calleja que de Callejeros Viajeros, ponte unas raquetas en los pies y visita el Parque Nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici. Un guía del Aigüestortes Càmping Resort te acompañará en la hazaña, que incluye vueltita en 4×4 como en Jurasic Park. A tu regreso, un chocolate calentito en el bungalow te sentará maravillosamente. Si te ha molado la excursión del Yeti, también en Lleida está Nou Càmping, cerca de las estaciones de esquí del Pallars.

4ª razón: comer como si no hubiese un mañana

A ver, no es que yo sea una glotona (que también), es que tanta actividad da hambre. Además, ¡qué demonios! Comer es un placer, y un privilegio. Los campings catalanes promueven la cocina autóctona que, si tienes la desgracia de no conocerla prepárate para engancharte. En Cataluña no nos alimentamos exclusivamente de ‘pan tumaca’, y es tu momento de romper con el mito. Ays, cuando pruebes la butifarra de Girona, los arroces de Tarragona, las verduras de Lleida y…, vale, el ‘pan tumaca’ de Barcelona. ¡Es que está tan bueno!

Además, tu experiencia gastronómica puede ir más allá de llenar el buche: estos espacios naturales cuentan con sus propios huertos en los que puedes participar, ayudando a cultivar, regar o recolectar, mientras aprendes un poco más sobre la tierra y los productos de proximidad. Que la lechuga no viene en bolsas de plástico.

El arroz tampoco viene envasado, ni aparece de casualidad en las estanterías del super. Si te decantas por visitar el Delta de l’Ebre, donde cada estación cambia de color gracias a la alfombra que forman los arrozales, conocerás un paisaje único. Cada año me pierdo entre las plantaciones. A veces me dedico a hacer cicloturismo, otras monto a caballo e incluso he llegado alquilar barcas de perchar para navegar por los canales. “Haces hambre” y te espera el sabroso arrocito en el camping (Ametlla, Ampolla Playa, Estanyet o Cases).  ESPECTACULAR y 100 % recomendable.

5ª razón: alcanzar el Nirvana cualquier día del año

Un camping te ofrece de todo y durante todo el año. Olvídate de la imagen mental que tienes de ir en una tienda de campaña del Decatlhon a pasar penuria. Eso se quedó solo para las películas de terror malas. En los campings de Cataluña, además de tener tu parcela/bungalow, contarás con toooodas las comodidades. Incluso las que necesitan los millenians, que ya es decir. Y es que muchos disponen hasta de un área de Spa & Wellness. ¿Te imaginas relajarte en un jacuzzi antes de irte a dormir? ¿O bañarte en una piscina, haga frío o calor? Los campings de Cataluña están abiertos los 365 días del año, adecuando sus servicios según la estación. Esa es la ‘Felicità’ de la que hablaban Albano y Romina en su canción.

Aunque si la influencia de ‘Viernes 13’ fluye por tus venas e insistes en ‘pasar miedo’, el Càmping Repòs del Pedraforca está ubicado en la emblemática montaña catalana, conocida por sus leyendas de brujas. Desde el camping te facilitarán una linterna y te animarán a sumergirte en el bosque durante la noche. Aunque no te encuentres a Jason, lo que seguro apreciarás será el cielo de Saldes, uno de los mejores para ver estrellas en Cataluña.

Ya lo sabes. Ahora que se acerca el final de año, estrena la agenda del 2019 y señala los findes que tienes libres para darte un salto a cualquiera de los campings de Cataluña.

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Asfalto, caucho, gasolina, velocidad…, adrenalina. Solo concibo la vida bajo un casco a 300 km/h. Soy periodista deportiva, ni por fama ni por dinero, sino por convertir el motor en mi forma de vida. Lo mismo doy gritos en una grada, como te cubro una rueda de prensa. Canaria de nacimiento, me mudé a Barcelona por su circuito y me quedé por su afición.